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Castillo de Javier, una fortaleza para la historia

La ruta de los Castillos de Navarra tiene en el de Javier su parada principal. Cada marzo, además, es el centro de peregrinaje más importante: la Javierada.

Resulta llamativo cómo en un territorio tan pequeño como Navarra se dan cita tal cantidad de castillos de grandes dimensiones, los cuales denotan la importancia que se dio en la Edad Media a la independencia del territorio de los grandes reinos que fueron sus vecinos durante siglos. A apenas 8 kilómetros de Sangüesa, cerca del límite de Navarra con la provincia de Zaragoza, se encuentra uno de los más importantes, si no el que más. Y es que el de Javier es, para muchos, la cuna de la Comunidad. Su silueta de torres almenadas es visible desde kilómetros de distancia. Resulta fácil imaginar cómo era la vida aquí en el siglo XVI, cuando nació allí el que luego sería santo, patrón de Navarra y cofundador de la Compañía de Jesús, el mismo San Francisco Javier que recibió ese nombre por el castillo. Él nació entre sus almenas en 1506, y una década después era parcialmente destruido por el cardenal Cisneros. Para entonces, la fortaleza tenía cinco siglos de historia, pues nació como tal en el siglo XI. Su fisonomía original la recuperó a mediados del siglo XX, lo que le permitió ser uno de los pocos castillos españoles que muestran sus defensas tal cual eran, así como otras estructuras como troneras y saeteras. Además, para ese entonces ya se había levantado una basílica aneja a la fortaleza, concretamente a finales del siglo XIX. Es allí donde los dos primeros fines de semana de marzo tiene lugar una peregrinación al castillo conocida como Javierada. Miles de navarros acuden andando desde sus pueblos hasta la fortaleza, como hicieron los primeros en 1886 para pedirle al santo que remitiera la epidemia de cólera que asolaba la región. Ya sea durante el peregrinaje o el resto del año, el castillo es visitable. Tras pasar su puente levadizo, se pueden ver relieves de piedra con escudos y blasones. Son la antesala de las muchas habitaciones y dependencias que nos esperan dentro: caballerizas, salones, torres... Y todo ello al mismo tiempo que conocemos cómo era la vida allí y nos enseñan cosas sobre el santo. Después tocará la visita a la Basílica, levantada sobre lo que fue el Palacio Nuevo. Al final, todo un día de aventuras medievales que, seguro, será difícil de olvidar.

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| 28/02/2015

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