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SALAMANCA

Castillo del Buen Amor: historia de una de las edificaciones más sorprendentes de Salamanca

Es el momento más que perfecto para conocer la historia de uno de los castillos más espectaculares de la provincia de Salamanca: el Castillo del Buen Amor.

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No es ningún secreto que Castilla y León cuenta con un gran número de castillos que no solamente destacan por su arquitectura o su estado de conservación, sino por la historia que hay detrás. Uno de los grandes ejemplos lo podemos encontrar en la provincia de Salamanca, concretamente en Villanueva de Cañedo.

En ese mismo lugar encontramos un Castillo, que lleva por nombre el del municipio aunque, popularmente, se le conoce como Castillo del Buen Amor. Para conocer su origen debemos viajar al siglo XI, momento en el que se construyó para un objetivo muy concreto: salvar la retaguardia de la Reconquista.

Pasado el tiempo, y llegados al siglo XV, este Castillo del Buen Amor pasó a las manos de los Reyes Católicos. Por aquel entonces, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón decidieron utilizar esta edificación a modo de avituallamiento para sus tropas, antes de la toma de la ciudad de Toro en la conocida Guerra de Sucesión entre la que iba a convertirse Reina de Castilla y Juana la Beltraneja.

Pero no solamente los Reyes Católicos fueron claves en la historia de esta edificación. Debemos centrarnos en la figura de Alonso de Fonseca y Quijada quien, por aquel entonces, ostentaba el cargo de obispo de Ávila. En el año 1478 adquirió este Castillo para que dejara de ser una fortaleza y pasara a convertirse en una casa palacio.

Castillo del Buen Amor
Castillo del Buen Amor | Imagen de El Pantera en Wikipedia, licencia: CC BY-SA 3.0

El objetivo real de esta adquisición, y por la que quería convertirla en su vivienda habitual, era para poder vivir junto a Doña Teresa de las Cuevas, su amante. Una vez sus hijos fueron legitimados por los Reyes Católicos fue Guiterre, el primogénito, quien pasó a ser el primer Señor de Villanueva de Cañedo. Aquí entra en juego una leyenda popular, en la que se dice que este Castillo del Buen Amor es un homenaje a los sentimientos que ese Obispo tenía hacia Doña Teresa.

A lo largo del tiempo, tuvo diferentes usos. Uno de los más conocidos fue el de almacén agrícola. Todo ocurrió cuando murieron Don Alonso de Fonseca y Quijada y Doña Teresa, ya que el castillo no volvió a estar habitado. De ahí que pasara a tener el uso de almacén agrícola, algo que duró bastantes siglos.

El posterior abandono en cuanto a restauración se refiere, hizo posible que las torres sufrieran y la muralla defensiva se perdiera. Es más, habitantes de municipios cercanos al Castillo del Buen Amor utilizaron esas piedras para poder construir sus propias casas.

El estado de abandono de esta histórica edificación era considerable hasta que, a mediados del siglo XX, fue adquirido por la familia Fernández de Trocóniz que se encargó de realizar una importante restauración. Estamos hablando de una conocida familia de hoteleros que, por aquel entonces, contaban con Fonda Trocóniz (en Miranda de Ebro), el Gran Hotel de Logroño y, cómo no, el Gran Hotel de Salamanca.

Aunque la adquisición y posterior restauración de este Castillo se hizo con vistas a que se convirtiera en un hotel, finalmente no consiguieron su objetivo. Al menos en ese momento. Hasta que llegó el año 2003 cuando, debido al enorme coste de mantenimiento, se decidió convertir el Castillo en alojamiento.

Era la única manera de que fuera autosuficiente y los viajeros tuvieran la oportunidad de disfrutar de una estancia verdaderamente única. Las obras se realizaron con mucho cuidado, para conservar en la medida de lo posible la autenticidad de la construcción. Abrir las puertas de este Castillo del Buen Amor como Posada ha sido una de las ideas más acertadas, además, por poder imaginar en primera persona cómo era la vida en aquellos siglos.

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