En el País Vasco, concretamente en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, se sigue guardando con especial recelo y cuidado la naturaleza y fauna de la zona. Con sus característicos valles verdes y el estuario de la desembocadura del río Oka, es un lugar único para conocer la gran riqueza ecológica que posee Vizcaya. En este enclave tan excepcional, en la localidad de Gautegiz Arteaga, se distingue el singular y llamativo Castillo de Arteaga. Esta construcción data del siglo XIII, aunque posteriormente fue remodelada adoptando el estilo neogótico que hoy en día le caracteriza. Está realizada en piedra caliza y mármoles de Ereño y destaca fundamentalmente por su torre. Cuando al hijo de Eugenia de Montijo y Napoleón III le fue otorgado el título de “vizcaíno originario” por las Juntas de Vizcaya, el matrimonio decidió reconstruir la torre y levantar el castillo. El proyecto se lo encargaron a los arquitectos franceses Couverchef y Ancelet y la apariencia que estos le dieron se mantiene prácticamente intacta a día de hoy. El Castillo de Arteaga es uno de los primeros ejemplos de estilo neogótico en Vizcaya, junto con la torre Billela de Mungia y la Ermita de Santa Ana de Getxo. Un estilo que por lo general aparecía en las construcciones religiosas y no en las civiles. Además, para completar su fascinante apariencia, la construcción estaba rodeada por unos acogedores jardines que fueron diseñados por el jardinero de la casa real francesa. El castillo, tras la muerte del matrimonio y de su hijo, pasó a manos de la Casa de Alba y, ya en el siglo XXI, se ha reconvertido en un hotel para que todos los huéspedes puedan empaparse de la historia que desprende el lugar y su entorno. El Castillo de Arteaga es un hotel excepcional, no solo por su belleza sino también por su carga histórica. Tiene un sótano y cuatro plantas entre las que se reparten seis suites y siete habitaciones, todas ellas con unas magníficas vistas y unidas por una escalera de caracol. En cuanto a la decoración, es elegante y refinada, con muebles antiguos, chimeneas y un exquisito gusto y cuidado por los detalles. Cada habitación es diferente, con todas las comodidades propias del siglo XXI –wifi, aire acondicionado, televisión con pantalla plana, albornoz y zapatillas- y todo el encanto de un castillo medieval, ya que desde el exterior se pueden admirar sus almenas, arcos de ojiva, gárgolas, merlones y matacanes típicos de la arquitectura militar de la época. Los huéspedes que se alojen en el hotel, o los turistas que acudan a él para contemplarlo, pueden disfrutar del apetecible restaurante que ocupa su azotea. En él se pueden degustar propuestas que rescatan las recetas típicas vascas, además de platos más innovadores de alta cocina. El ambiente es tranquilo y muy íntimo, al igual que en su bodega, en la que se pueden realizar catas para degustar la gran variedad de vino que posee.   En los alrededores del Castillo de Arteaga se puede hacer senderismo, así como visitar Bilbao –que se encuentra a poco más de media hora en coche- o la localidad de Guernica. O simplemente dar un paseo y explorar los acantilados, marismas y praderas del Parque Natural de Urdaibai. Un hotel con mucha historia en un enclave único.