Bien es cierto que la presencia humana en Castelo Branco se remonta a la prehistoria pero es un hecho que el castillo, el símbolo por excelencia de la ciudad, fue construido en plena Edad Media. Fue erigido por los mismos Templarios, entre los años 1214 y 1230. Lejos de que todo quede ahí, fue delimitado por una serie de torres y murallas.

Por si fuera poco, el rey Dinis, en principio, amplió esos límites establecidos del castillo. Lo que es un hecho es que existen evidencias de que es el rey don Alfonso IV (1343) fue el que se encargó de construir esas murallas que hoy conocemos. Lejos de que todo quede ahí, existen una serie de datos que afirman que en el siglo XVI, Castelo Branco era una ciudad completamente fortificada, con una serie de calles estrellas y edificios con grandes puertas para los caballos y una estrecha para los caballeros.

Pero vámonos al principio de la historia. En 1165, el territorio de Castelo Branco fue conquistado nada más y nada menos que por los moros y, por ende, fue donado a los conocidos como Caballeros Templarios. En ese momento estaban ubicados en la zona de Vila Franca da Cardosa. Fue entonces cuando en 1198, el Rey Sancho no dudó un solo segundo en revisar la donación con el fin de que, al menos, la mitad de esas tierras fueran para Fernando Sanchez.

Castelo Branco | Foto de Laura Hernández

Fue entonces cuando en 1213 se decidió emitir una carta (llamada “foral”). Tan solo un año después, Cardosa fue legado a nada más y nada menos que la Orden del Templo. De esta manera, se confirmaba a través de una bula papal de Inocencio III (1245). Es entonces cuando, por primera vez, apareció “Castelo Branco” como nombre.

Ahora bien, ese primer muro de fortificación se construyó entre 1214 y 1230, por los mismos Caballeros Templarios. De esta manera, la línea defensiva que tenían se había extendido muchísimo. A finales del siglo XIII, cuando reinaba don Denis, el castillo de Castelo Branco contaba con nada más y nada menos que cuatro puertas: Puerta de Santiago, Puerta Dorada, Puerta de los Traidores y, por supuesto, la Puerta de Pelame.

Lejos de que todo quede ahí, se añadió una segunda cortina en cuanto a muros, dando lugar a la existencia de siete puertas. Además, se construyó una espectacular torre de mantenimiento adherida a la misma pared. Años después, tras varios vestigios y escritos, en el siglo XVI contábamos con ocho puertas: Puerta de Oro, Puerta de los Traidores, Puerta Torre del Reloj, Puerta del Espíritu Santo, Puerta de la Ciudad, Puerta Estable, Puerta de Santiago y Puerta 'Santarém'.

Castelo Branco | Foto de Laura Hernández

Lo que nadie imaginaba es que en 1704, concretamente el 22 de mayo, una fuerza franco-española tomó la decisión de invadir este territorio. La batalla tuvo lugar en el castillo y provocó su destrucción parcial. En 1753 todavía tenía un estado bastante óptimo de conservación, hasta que llegó el año 1762 cuando la plaza fue saqueada como consecuencia de la conocida como Guerra de los Siete Años.

A principios del siglo XIX se decidió construir una nueva puerta. Pero sirvió de poco ya que tuvo lugar la conocida como Guerra Peninsular. Fue cuando Junot se marchó a Lisboa, el castillo de Castelo Branco quedó completamente en ruinas. Por ese mismo motivo, en 1818 se realizó una reconstrucción para tratar de enmendar el daño realizado.

Lo que es un hecho es que unos años después, en 1821, los habitantes de Castelo Branco decidieron utilizar las piedras del castillo para poder construir sus propias casas. Lejos de que todo quede ahí, existe una ordenanza del 17 de julio de 1835 que condecía licencia para destruir tanto arcos en las paredes como la re utilización de esas piedras con fines públicos. El castillo había quedado demasiado en ruinas. Tanto es así que hasta se pensó, en 1851, en la posibilidad de que se ubicara allí el cementerio. Se desechó la idea puesto que la zona era excesivamente rocosa.

Castelo Branco | Foto de Laura Hernández

Fue entonces cuando a mitad del siglo XIX, con Guilhermino de Barros al frente de la gobernación, quiso reconstruir algunas de las paredes. Lo que es un hecho es que, a pesar de las tormentas que continuaron destruyendo ese castillo, a día de hoy está prácticamente reconstruido. Lo han hecho tan sumamente bien que, si no conoces la historia, parece que está intacto.

Pero no es así... Aunque sí hay algo que permanece intacto. Ventana de la torre del homenaje. Desde ahí se divisa todo el territorio y descubrimos que, en efecto, se trata de un enclave estratégico. Podían reaccionar a tiempo ya que, al instante, podían descubrir si iban a ser atacados próximamente. Es lo único original de ese castillo que es símbolo de Castelo Branco. Por ese mismo motivo, siempre encontrarás esta torre como imagen principal de la ciudad. ¡Esta es su historia!