Un arco de 13 metros de altura era lo que muchos viajeros veían a la lejanía, mientras andaban el largo Camino de la Plata, la calzada romana que conectaba Andalucía Occidental con Asturias, al llegar a las cercanías de Cáparra. De estructura cuadrada, elevado sobre cuatro pilares que formaban otros tantos arcos de medio punto, sus pedestales fueron ocupados por estatuas. No era el primero que se erigía en el siglo I d.C. en Hispania, pero sí el único que puede presumir de haber resistido 20 siglos. Hoy es lo de lo poco que queda en pie del que fuera municipio romano, cuya importancia estratégica, a medio camino entre Asturica y Emerita Augusta, nadie ponía en duda (su origen es anterior a Roma, pues ya fue una ciudad vetona). Fue por ello que, a partir del año 74, Vespasiano le otorgó estatus de Municipio y, con ello, sus habitantes pasaban a ser ciudadanos romanos de pleno derecho. Como ocurre con otras ciudades romanas escavadas, es posible conocer cómo era su distribución urbanística, especialmente sus termas, su muralla y sus edificios principales, en torno al foro y al arco, que ocupaba el centro del núcleo urbano y que daba acceso al primero, mediante tres puertas paralelas a la calzada. En su interior, una basílica, un pórtico abierto con templete para los juicios y tres templos también alineados. Aunque son los vestigios de Mérida los más conocidos, Cáparra es claro ejemplo de que Extremadura esconde muchos más asentamientos romanos que merecen la pena ser visitados. Para llegar a este, situado a pocos kilómetros de Plasencia, basta con tomar, desde la A66, la salida de Villar de Plasencia, en dirección al embalse de Gabriel y Galán. El Centro de Interpretación de Cáparra nos dará toda la información necesaria para hacer de esta escapada toda una aventura arqueológica.