UNA ESCAPADA CON MUCHO ENCANTO

UNA ESCAPADA CON MUCHO ENCANTO

Asturias por la Ruta del Azabache

Hórreos y paneras se suceden en una ruta que permite acercarse a la historia viva de La Marina. Allí, desde hace más de un siglo, se extrae y exporta azabache, negro intenso, para ser convertidos en abalorios. Hoy la joya es la oportunidad de conocer su origen.

El azabache asturiano es considerado, con el de Whitby en Inglaterra, el mejor del mundo. Con un color negro intenso, textura y dureza incomparables, es extraído en la zona denominada La Marina, en la Costa Jurásica Asturiana, en la zona de Oles, Villaviciosa, desde donde hace más de cien años se exporta a Inglaterra. Ha sido el Principado el mayor suministrador de la Península de material en bruto a lo largo de los siglos. Se ha usado desde épocas inmemoriales en la elaboración artesana de joyas, sobre todo en pendientes y camafeos.

La ruta, de aproximadamente 5 kilómetros, comienza en Tazones y evoca la importante tradición artesana de la zona en torno al azabache y su extracción. Ascendemos desde el Molino de Kiko hasta el Faro de Tazones, donde podemos gozar de una de las mejores vistas del Cantábrico. Desde el Faro hay que acercarse a la aldea de Villar y ya nos separa poca distancia de Oles, donde los indicadores nos señalan una mina abandonada de Azabache que ha sido explotada durante siglos. Fueron numerosos los talleres dedicados a este material en la zona de Villaviciosa: Argüero, Oles, Careñes y Villaverde. Hoy ha renacido una nueva generación de jóvenes artesanos que rinden tributo a esta negra joya.

No podemos perder de vista las playas que bañan esta zona de la costa asturiana. Imprescindible la visita a la playa de Rodiles, decana en conseguir la bandera azul en el Principado. Un kilómetro de arenal que se extiende desde la Ría de Villaviciosa. Es además un lugar privilegiado para la práctica del surf por su famosa ola izquierda.

Tazones es de obligada visita, un pueblo costero con calles laberínticas donde las casas se arraciman unas sobre otras agarradas al acantilado que se derrama hasta el puerto pesquero. Allí disfrutaremos con el encanto de las barcas de pescadores que transportan el fresco manjar a los restaurantes de la plaza, único llano de este pueblo.

Nos recrearemos también con la vista de las típicas construcciones asturianas: hórreos y paneras, elementos con gran valor histórico, sociológico y artístico que representan como ningún otro al campo asturiano, sus tradiciones y cultura desde la baja edad media. Estas construcciones están hoy protegidas como parte del patrimonio del Principado.

Y, hablando de patrimonio protegido, merecen especial mención las innumerables casonas de indianos que hay a lo largo de todas las carreteras de esta zona rural. Los emigrantes asturianos regresaban de ultramar deseosos de invertir sus riquezas en casonas acordes a su nuevo status social. Merece la pena dedicarle un capítulo aparte a esta Ruta de Casonas de Indianos.

Más información:
Turismo de Asturias

Rocío Rodríguez | Madrid
| 24/01/2016

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