El propio nombre de la ciudad ya da pistas de lo que nos espera aquí, ya que Weligama significa ‘ciudad de arena’. De color dorado, fina y rodeada de palmerales es la que pueden mostrarnos en sus playas, ya recuperadas tras el tsunami de 2004, que en este rincón del Índico destruyó el 15% del área. No tardaron en volver los turistas, sobre todo surferos, y es que sus aguas son perfectas para coger olas con la tabla, pues rompen con facilidad sin necesidad de tener que nadar demasiado agua adentro.

Pero si por algo destaca la ciudad es por sus pescadores. Es la principal industria junto a la del bordado, una tradición que introdujeron los colonos portugueses en el siglo XVI. Sin embargo, pesca ha habido desde siempre; tanto en barcos, de manera tradicional, como en un original y exótico sistema llamado ‘petta’, que es el nombre que reciben los postes de madera de entre 3 y 4 metros a los que se encaraman los pescadores en medio del agua. Se pueden mantener horas vigilantes sobre el palo para cazar a los peces, normalmente caballas y arenques.

Para llegar a Weligama se puede elegir un tren que bordea la isla de Ceilán desde la capital, Colombo, cuyo billete al cambio no cuesta más de 2 € (desde el aeropuerto de Colombo serían 4 € y se demora casi 6 horas). También existe la oportunidad de volar al pequeño aeropuerto de Koggala, a 15 kilómetros. Desde allí, un taxi nos costará alrededor de 10 € hasta nuestro hotel, si no tenemos transfer contratado.

Con restos arqueológicos de gran valor para el Hinduismo, unas vacaciones en este punto del sur de Sri Lanka lo tiene todo: historia, naturaleza, playas, surf, cultura y, sobre todo, pescado fresco.