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Europa

Una visita a la Isla de los Pescadores

Una de las Islas Borromeas, en el Lago Maggiore, Italia

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En medio del Lago Maggiore –o Lago Mayor-, con sus aguas azules, está el archipiélago de las Islas Borromeas. En este lugar de inmensa belleza del Piamonte, Hemingway situó su novela Adiós a las armas, que fue llevada a la gran pantalla en el año 1932. Y, por supuesto, verano tras verano ha conquistado los corazones de numerosas familias, entre ellas la de la familia real inglesa recientemente y varias de la alta burguesía italiana del siglo XIX. El verde de las colinas contrasta con el intenso azul de las aguas del lago, en el cual hay tres islas, la Isla Madre, famosa por su jardín botánico; la Isla Bella, con el bello Palacio Borromeo y la Isla de los Pescadores, además de varios islotes, como el de San Juan y el de Malghera, ambos privados. Se encuentra muy cerca de la frontera con Suiza y aunque ya no las frecuentan tantos personajes conocidos como hace décadas, los turistas que se acercan a ellas quedan fascinados. Las islas reciben este nombre porque la familia de los Borromeo, originaria de Florencia, se convirtió en la propietaria de las islas en el siglo XIV y construyeron en ellas jardines y villas de lo más sofisticadas. Aún a día de hoy, la familia sigue siendo dueña de la Isla Bella y la Isla Madre, por lo que la Isla de los Pescadores es independiente y ahora mismo es la única que está habitada, aunque solo por unas 50 personas. También se la conoce como Isla Superior y está situada frente a Stresa, por lo que al mismo tiempo que se pasea por sus sinuosas y estrechas calles se pueden contemplar unas vistas que merecen mucho la pena. La Isla de los Pescadores es un lugar coqueto, pequeño pero repleto de encanto. Cuenta con muchos rincones y un mercadillo en el que se pueden adquirir productos típicos de la artesanía local. La gastronomía del Piamonte adquiere en esta isla su máxima expresión y son varios los pequeños restaurantes en los que deleitarse con ella. Es un pueblecito de origen pesquero, como su nombre bien indica, a pesar de que ahora prácticamente vive del turismo. Para llegar a ella hay que embarcar en Stresa, Invra o Verbania, desde donde salen barcos que comunican las islas con tierra firma cada media hora. En medio de la isla está la iglesia de San Vittore, en donde se puede conocer la historia milenaria de todas estas islas. También en uno de los extremos de la isla, donde se amarran los barcos, se pueden encontrar pescadores que aún se dedican a este oficio para vivir, quienes seguramente estarán encantados de contarles alguna anécdota de su vida en la isla. De hecho, en la mayoría de las casas –que son de varios pisos para aprovechar el poco espacio-, hay balcones largos en los que se secaba el pescado. En los meses de otoño y primavera, cuando las aguas del lago suben, algunas casas parecen correr peligro de inundarse, pero están construidas de tal forma que nunca ocurre, ya que se encuentran a un nivel más alto que el de la propia orilla. La Isla de los Pescadores tiene 100 metros de ancho y 350 de largo, un tamaño pequeño pero lo suficiente para dejar un gran recuerdo en todo aquel que la visita.

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