Nos sentimos atraídos por grandes ciudades como Nueva York, Londres o París y tendemos a escogerlas siempre como primera opción a la hora de decidir el destino de nuestras vacaciones. En este proceso de decisión solemos olvidarnos de otras ciudades y de otros países que no destacan precisamente por su tamaño, pero que esconden grandes bellezas que los hacen más especiales de lo que imaginas. Estados realmente pequeños, cuya población puede situarse entorno a los 40.000 habitantes en el mejor de los casos, que enamoran y atrapan desde la primera visita.

San Marino es uno de ellos. Una pequeñísima república rodeada de territorio italiano que continúa sosteniéndose en parte gracias al turismo, en muchos casos demasiado escaso si tenemos en cuenta la cantidad de maravillas que podemos encontrar en él. Un país que se puede visitar en un día, si nos lo tomamos con mucha calma, o incluso en menos tiempo y que se encuentra muy cerca de grandes ciudades turísticas como puede ser Venecia. Cualquier excusa es buena para visitarlo.

A simple vista, y atendiendo a su tamaño, puede parecer que no hay demasiado que visitar, pero lo cierto es que lo que encontramos en su territorio es verdaderamente mágico. Como dice el refrán, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Una afirmación que puede ser trasladada de manera directa al caso de San Marino, lugar en el que, además de sentirte aún en el medievo, podrás dar rienda suelta al amante de la moda que llevas dentro, y es que el estado está plagado de outlets de moda que atraen visitantes de toda Italia y Europa.

Además de estas suculentas tiendas de ropa, son muchos los enclaves turísticos que invitan a visitar San Marino, como por ejemplo sus famosas torres, que suelen albergar interesantes museos y que reflejan la historia del país, ya que han sido edificadas en diferentes épocas. Pero, por encima de todo, destaca la Fortaleza de Guaita, cuya imagen ya te dejará sobrecogido. Se trata de la más antigua de las torres construidas en el Monte Titano y es el símbolo indiscutible de San Marino.

Junto a estos emblemas de la república, aconsejan pasear por el casco antiguo, donde las calles aún conservan un aire medieval y sentirás que formas parte de otra época. Destaca también la Plaza de la Libertad, un lugar perfecto para camuflarse con los habitantes de San Marino mientras degustas un rico aperitivo y contemplas algunos de sus monumentos, como el impresionante Palacio Público.

Por supuesto, no hay que olvidarse de la Puerta de San Francisco, principal punto de acceso a la ciudad, en la que los turistas siempre tratan de sacarse alguna que otra foto. Son muchos otros los monumentos, museos y enclaves del país que merece la pena visitar y que tú mismo irás encontrando conforme vayas paseando por sus calles. Esa es la ventaja de que estemos ante un estado realmente pequeño, todo lo tendrás al alcance de tu mano.