Este parque londinense es mucho más, sin ser ésto cosa de poco, que un lugar en el que pasear o ver ciervos, en sus 10 kilómetros cuadrados podrás descubrir algunos de los robles más antiguos de Inglaterra, hongos, pájaros, escarabajos, murciélagos y un mundo de pastos y flores silvestres que se ha ido creando desde su fundación como coto de caza en el S.XVII, en tiempos de Carlos I, quien se encargó de introducir en el parque diferentes especies de animales y plantas con el fin de atraer a las aves.

Richmond Park abre sus puertas cada mañana a las 7 y las cierra a las 8 y cuarto de la tarde, la entrada es gratuita e incluso se pueden alquilar bicicletas en su interior para recorrer sus senderos paseando entre árboles que fueron testigos de las partidas de caza de la realeza británica cuando este parque era un coto real y privado de caza en lugar de una reserva natural.

Sin salir de Richmond Park podrás montar a caballo, pescar y hasta jugar al golf o al rugby y tomar algo en Pembroke Lodge; además, desde el montículo del Rey Enrique, descubrirás una espectacular vista de Londres y la Catedral de St Paul sintiéndote como el mismísimo Enrique VIII… pues cuenta la leyenda (no hay constatación histórica de que fuera así) que este importante rey inglés esperó la decapitación de su esposa Ana Bolena subido a este montículo.

Puedes llegar a Richmond Park en metro, bajándote en la estación de Richmond Station o en tren, también llegan hasta el parque varias líneas de autobús.

Sólo una recomendación: si lo que más te atrae del parque más grande de Londres es la fauna, asegúrate de organizar tu visita con buen tiempo, con el frío y la lluvia los animales se esconden.

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Royal Parks - Richmond Park