Louvain-la-Neuve es una pequeña localidad al sureste de Bruselas a la que acuden sin dudarlo los amantes de Tintin. La razón es el museo que allí se ha levantado como homenaje a su creador Hergé, y en el que es posible acercarse al padre del famoso reportero del cómic desde una óptica única, la de sus trabajos y planchas originales. De hecho, son más de 80 planchas originales, así como 800 fotografías, documentos, objetos y un sinfín más de piezas las que forman una colección que nunca antes había podido ser reunida bajo un mismo techo. Y, en este caso, un techo diferente. Tanto como la construcción en sí, ya que el edificio es una obra maestra de la arquitectura contemporánea, pensada por el arquitecto Christian de Portzamparc, que desarrolló todas sus ideas con un toque infantil para crearlo, como si fuera un juego de aventuras y pistas para las que hay que ir descubriendo cosas poco a poco. Para ello, nada mejor que un interior repleto de pasarelas de diferentes alturas, decorados con paredes de colores y estampados que recuerdan a muchos pasajes de cada una de las obras de Tintin y pasadizos y cueva secretas. Y todo ello al mismo tiempo que descubrimos que Hergé no fue solo el padre del reportero del cómic, sino también un diseñador gráfico, un caricaturista, un ilustrador y un prosista único de mucho talento. El museo se encuentra abierto todos los días del año excepto los de navidad y Año Nuevo, con entradas cuyo precio parte de los 5 € y audioguías gratuitas en español. Además, tiene exposiciones temporales que se pueden visitar de forma independiente. Un servicio de autobús se ha concertado con hoteles de Bruselas para poder ir puerta a puerta al museo, aunque también es sencillo hacerlo en tren. Solo basta tener ganas de sumergirse en el universo de Tintin y su creador durante unas horas.