En castellano, su nombre sería La Canea, pero es Chania como la llaman quienes viajan hasta allí, manteniendo el nombre griego de este pequeño puerto del occidente de Creta que se mantiene, a pesar de los avatares de la historia, tranquilo frente al mar. Es a lo que invita su pequeño puerto: a sentarse plácidamente en una terraza con un poco de ouzo o cualquier bebida refrescante y deleitarse con el paso lento de las horas.

Incluso habiendo sido bombardeada durante la II Guerra Mundial, su belleza llama la atención. Especialmente mientras paseamos por su viejo puerto veneciano, del siglo XV, o por la mezquita de los Jenízaros, uno de los puntos que no hay que dejar de visitar. El barrio de la Splantzia, detrás del puerto y de los arsenales venecianos, se ha conservado intacto, un encanto más para imaginarse que hemos viajado en el tiempo. Y en una esquina, frente a frente, dos catedrales: la griega de 1860 y la católica romana.

En todas las calles, pequeñas tabernas nos acercan un mundo de gastronomía en el que se funden las especialidades del Egéo, tanto las griegas como las turcas. Sabores que llenan nuestro paladar con ese gusto a naturaleza intacta, apreciable en pequeños dulces de miel, ensaladas que saben a auténtica verdura, pescados frescos... La dieta mediterránea en todo su apogeo.

No menos interesantes son sus playas, alrededor de la ciudad. En este punto, toda Creta tiene mucho que ofrecer. En los alrededores de Chania es posible encontrar calas solitarias y otras no tanto, ya que en uno de los nuevos barrios se han levantado diferentes resorts para turistas, casi siempre nórdicos y alemanes.

Llegar a Chania desde España obliga a una parada previa. Puede ser en Atenas, si se hace trasbordo aéreo, pero también existe la posibilidad de viajar directos a Heraklion, la capital de Creta, y desde allí tomar un autobús que nos permitirá recorrer la isla de punta a punta (o en coche de alquiler). El viaje, sea como fuera, merecerá la pena.

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Turismo de Creta