El whisky es la bebida nacional de Escocia. Cada una de las diferentes regiones en las que se divide el 'país del cardo y el tartán' cuenta con sus destilerías más importantes, todas con una historia centenaria detrás que las convierte en atractivos puntos de interés para el viajero. El país se divide en cinco regiones productoras. Comparten las mismas costumbres en cuanto a destilación, pero después han generado métodos de producción diferentes del Single Malt, lo que les aporta características propias. Así, Islay, la más grande, debe el sabor de sus destilados a la turba; mientras que en Speyside son más complejos, bien fuertes como el brandy jerezano o más ligeros. Descubrir la región visitando las diferentes destilerías de las islas o Gran bretaña es toda una experiencia, y no solo para aquellos que sean aficionados al whisky. Adentrarse en algunas de estas empresas centenarias como Macallan, Glenfarclas o Laphroaig es hacerlo a la auténtica historia de una región que ha sabido hacer de esta bebida todo un emblema. Todas cuentan con visitas programadas, la posibilidad de hacer catas y ofertas de compra en las propias dependencias, por lo que raro será que volvamos sin ninguna botella bajo el brazo.