URUGUAY

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Colonia, un rincón del Río de la Plata para disfrutar de los placeres de la vida

La pequeña ciudad de Colonia es el destino perfecto para una escapada de evasión. Gastronomía, historia, playas y calles con encanto resumen una oferta perfecta en la orilla uruguaya del Río de la Plata, la misma que puede presumir de ser una total desconocida para el gran turismo europeo.

Prácticamente son 10.000 kilómetros los que separan España del Río de la Plata, el largo fiordo al que van a parar las aguas de los ríos Paraná y Uruguay, mezclándose con el Atlántico Sur antes de llegar a las aguas abiertas del mismo. Con Buenos Aires vigilando su norte y Montevideo, la sur; no hay duda de que Argentina y Uruguay han hecho de este rincón del planeta su epicentro particular.

Sin embargo, más allá de las dos capitales, hay otros rincones en la orilla que bien merecen una atención especial. Es el caso de Colonia, el distrito uruguayo que se corresponde con la costa opuesta a Buenos Aires, un destino que está cobrando cada vez más prestancia para una escapada de desconexión, tanto entre porteños y uruguayos como entre los muchos turistas de otros países que buscan rincones poco explotados.

De hecho, llegar a Colonia del Sacramento, su ciudad principal, es sencillo tanto desde Montevideo (tomando la carretera número 1, que recorre toda la costa) como desde Buenos Aires, gracias a un fluido transporte marítimo que sale del puerto de El Tigre. De hecho, son muchos los que opinan que es precisamente ese viaje el barco de apenas una hora de duración lo que hace de Colonia un destino tan especial.

La costa de Colonia nos espera con playas perfectas de arena fina y clara, donde poder bañarse mientras, a lo lejos, los rascacielos de Argentina parecen querer recordarnos que existe otra vida, donde el estrés y el tráfico son parte del día a día. Pero no aquí, en este rincón único que presume de un casco histórico protegido por la Unesco desde 1995 donde no hay apenas tráfico.

Está compuesto por 33 manzanas de calles completamente adoquinadas, pequeñas casas de una planta que fueron levantadas, en su mayoría, en el siglo XVII, y que al atardecer iluminan bonitos faroles. Recorrerlas a pie o a caballo es toda una experiencia, sobre todo porque, precisamente por los adoquines, hacerlo en motocicleta o coche puede ser toda una experiencia propia de un parque de atracciones.

Aquí hay que visitar lugares con historia como el Bastión de San Miguel, edificio defensivo construido por portugueses en 1745; el Callejón de los Suspiros, antaño una zona de burdeles y hoy una calle pintoresca, con casas de vivos colores; el puente levadizo del Portón de Campo (también de 1745) o un faro de mediados del siglo XIX, perfecto para ver el atardecer, con el sol poniéndose en la costa argentina.

Son muchos los que deciden dedicarse solo a pasear, ir a la playa y tomar mate. Un buen plan que se puede completar con las sugerencias gastronómicas de restaurantes como Lentas Maravillas, donde disfrutar de un buen pastel de zanahoria o un sandwich de pollo al curry; o Blancarena, especializado en guisos y platos de verdura; o A la Pipetuá, en pleno casco histórico, donde encontrar un perfecto Strogonoff.

No faltan tampoco pequeños hoteles y pensiones, adaptadas a la tranquilidad y vida 'slow' tan propia de Colonia. Algunas con apenas tres habitaciones, otras, más convencionales, incluso con spa y campo de golf. Cuanto más céntrico, más pintoresco.

Si Uruguay es uno de los países de moda por su exotismo y, sobre todo, bajos precios, destinos como Colonia de Sacramento lo terminan de institucionalizar como el país que no hay que dejar de visitar.

Más información:
Turismo de Uruguay
Turismo de Colonia

 

Sergio Cabrera | Madrid
| 22/06/2015

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