Viajestic » Destinos

Asia

Un castillo de algodón en Turquía

Terrazas blancas de piedra caliza, cascadas petrificadas y manantiales de agua caliente

Publicidad

En un paisaje montañoso, al sudoeste de Turquía, con un idílico color blanco, en el valle del río Menderes, hay una majestuosa escalera de terrazas naturales de más de 200 metros de altura, que abruma a quién la ve por su inmensa belleza. Piscinas de aguas color azul turquesa, terrazas blancas de piedra caliza, cascadas petrificadas y manantiales de agua caliente debido a la acción volcánica subterránea, consideradas como una de las maravillas más espectaculares del planeta. Un paisaje formado por rocas sedimentarias con miles de formas y tamaños que desde lejos parecen cascadas que caen unas sobre otras, pero que en realidad, son aguas termales de cristal azulado que se deslizan sutilmente hacia abajo en escalones que varían de uno a seis metros, y que ofrecen una espectacular imagen, la de unas laderas impresionantes llamadas Pamukkale. La antigua ciudad de Hierápolis se encuentra en la parte superior de las terrazas blancas y se ve desde las colinas en el lado opuesto del valle. Hierápolis con sus  14.000 años de antigüedad, es junto con el "castillo" blanco de Pamukkale, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las aguas termales que brotan incansables son conocidas desde tiempos inmemoriales. Su gran contenido de minerales como bicarbonatos y calcio han sido utilizados como spa natural desde hace miles de años. Las propiedades curativas de la zona atraían a gente de todos los rincones, motivo por el cual los romanos construyeron la antigua ciudad de Hierápolis aquí. Ya en la época de los griegos se conocían las virtudes de estas fuentes, descritas por el arquitecto romano Vitruvio como aguas con propiedades terapéuticas otorgadas por los dioses. Muchas religiones le han atribuido cualidades milagrosas a estas aguas, y todavía siguen siendo, a día de hoy, uno de los reclamos turísticos más solicitados de Turquía. Merece la pena acercarse a esta maravilla natural, una joya única que hay que conocer. La superficie blanca calcificada de Pamukkale se puede ver desde muchos kilómetros de distancia, lo que hace aún más singular este paisaje. Famosa por la belleza fascinante de sus formaciones geológicas únicas, así como por sus restos históricos, las terrazas algodonosas y blancas de Pamukkale están formadas por depósitos minerales que tienen su origen en los ricos manantiales volcánicos de cal que posee la montaña. El agua corre por el travertino y llena las piscinas de agua en las que se puede nadar entre antiguas columnas romanas y forma cascadas con estalactitas blancas de calcio, en lo que ya se conoce entre el pueblo turco, como la octava maravilla del mundo. Las ruinas de los antiguos baños, templos y otros monumentos griegos se pueden ver en el sitio. El conjunto geológico continúa hoy en día su lenta formación, y se calcula que de los 250 litros de agua que brotan al segundo, una parte corresponde al mineral de creta que es el causante de la sedimentación que hace  cada día, y cada año, más grande este templo natural de belleza.

Publicidad