La historia que guarda Berlín es impresionante, tanto para bien como para mal. Una ciudad que se encontró dividida por un muro en la segunda mitad del siglo XX, ocupada por cuatro países diferentes y con familiares separados durante años, sin poder verse. La segunda Guerra Mundial y el nazismo hicieron estragos en Alemania, así como en su capital, por lo que cada pequeño rincón de la ciudad te transporta a un momento histórico. Sin embargo, algo por lo que también es conocida es por ser la Capital del Techno y de la Cultura de la Rave.

Berghain | Wikipedia (Yannick, Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International license)

Para muchos jóvenes es considerada así desde la época de los años 90, después de la caída del Muro de Berlín, cuando la gente pareció unirse por medio de una cultura basada en la música electrónica. De hecho, aunque este género musical se originó en Detroit (EEUU), a finales de los 80 llegó a la capital alemana para quedarse.

Se organizaban fiestas y raves ilegales, promoviendo la libertad que les había faltado a los habitantes de la ciudad hasta entonces y el disfrute de la vida. Así, los edificios abandonados comenzaron a ocuparse y se convirtieron en clubes de manera temporal (muchos con una larga duración) para que los DJ pincharan. Los artistas de esa época comenzaron a ser conocidos y a día de hoy muchos continúan con su trayectoria.

El evento que culminó con el Techno de la ciudad fue Love Parade, cuya primera edición fue en el año 1989 en el Berlín Occidental, al que realmente tan solo asistieron 150 personas. A partir de aquí, esta fiesta creció hasta ser considerada una de las mejores raves callejeras con más de un millón y medio de asistentes.

Postdamer Platz Berlin | Wikipedia (Frits Wiarda, Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported)

Además, hay muchos y diferentes clubes que acogen este estilo en la actualidad. Entre los más conocidos están Berghain o Tresor. El primero de ellos cuenta con un misticismo especial ya que es muy difícil acceder a él, el portero es quien decide quién entra y quién no, aunque de manera subjetiva, sin saber muy bien cuál son las razones de ello.