VIENA
El 1 de enero siempre miramos a Viena. Te contamos por qué
El día 1 de enero es festivo de resaca en casi todo el mundo… pero no en Viena.

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En Viena el último día del año no es tan importante como el primero y es que en la capital austríaca el día 1 de enero se vive con elegancia, tranquilidad y música clásica, se ambienta en su tradición imperial y se combina con diferentes tradiciones que tratan de conjurar la buena suerte para el año que empieza.
El evento más importante del día de Año Nuevo en Viena es de fama mundial, se trata del Concierto de Año Nuevo que protagoniza en la Sala Dorada del Musikverein la Filarmónica de Viena y que cada año dirige un director de orquesta diferente, en 2026 lo hará el canadiense Yannick Nézet-Séguin; suena música de la familia Strauss (vals, polcas, marchas…) y se retransmite al mundo entero a través de la televisión; además para los vieneses es casi un ritual, no hay casa en la que no suene el Concierto de Año Nuevo de fondo maridado con café y algún dulce.

Claro que eso no es todo, aunque el Concierto de Año nuevo sea el evento más famoso, el día 1 de enero da para mucho más que eso en Viena: como sucede en el resto del mundo en Viena se desayuna tarde (es más bien un brunch) el primer día del año, algunos en casa, con el concierto de fondo, otros tras un agradable paseo invernal y en las cafeterías locales en las que, por supuesto, también suena el Concierto de Año Nuevo.
Además no es raro ver en las plazas del centro demostraciones de pequeños bailes y es habitual que se pueda participar en clases abiertas de vals; el pasado imperial de la ciudad y su esencia como capital del vals se celebran especialmente el primer día del año; un día que, por lo demás, no es largo, de hecho los restaurantes y cafés suelen abrir en horario reducido y la noche es tranquila (para animación nocturna está la noche del 31…).

En España tratamos de conjurar a la buena suerte para el año nuevo con las 12 uvas de la suerte, en Viena tienen otras tradiciones que buscan el mismo fin y que se hacen notar especialmente el día 1 de enero: regalar postales de Año Nuevo es una tradición muy vienesa y en ellas, o acompañándolas, se suelen encontrar algunos símbolos clásicos de buena suerte:
El trébol de cuatro hojas, que se regala en pequeñas macetas o hecho de mazapán o chocolate; el cerdito es uno de los símbolos de buena suerte más queridos no solo de Viena sino de toda Austria, se regala en figuritas dulces o incluso como adorno de mesa; otra figura típica es la del deshollinador que se suele encontrar como figurita de mazapán además de acompañar las postales de Año Nuevo; las monedas y medallas doradas (a veces de chocolate envuelto en papel dorado) son también un buen símbolo de la buena suerte y, entre los animales, además del cerdo destaca la mariquita que se suele utilizar en los regalos infantiles.
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