Aunque la fama por su belleza era de sobra conocida, fue a raíz del estreno de las películas de ‘Harry Potter’ cuando este tren se convirtió en una de las atracciones preferidas del norte de Reino Unido. No es para menos, ya que fue el West Highland y su recorrido por maravillas como el viaducto de Glenfinnan, el que llevaba al aprendiz de mago y a sus amigos desde el andén 9 ¾ hasta Hogwarts. Eso sí, en la vida real, conecta Glasgow con Mallaig, atravesando lugares únicos como los lagos Shiel y Eilt.

El viaje comienza bajo el techo de hierro de la maravillosa estación de tren de Queen Street en Glasgow, de 1880. Poco a poco, deja atrás la ciudad escocesa y se adentra en campos y granjas en las que las ovejas pastan tranquilas mientras observan al tren, de estilo Eduardiano y con vagones de un señorial color granate, con su locomotora de vapor al frente.

La primera parte del camino nos llevará a Fort William, al final del fiordo de Linnhe y que presume de ser el primer destino de un tren en la historia de Reino Unido. La vista de este fiordo, así como el de Eil, conectados, es increíble. Aunque el protagonista del viaje está en la segunda parte, en el tramo norte, de camino a Mallaig. Se trata del viaducto de Glenfinnan, en el firodo de Shiel.

Construido entre 1897 y 1901, se trata de un camino de piedra y ladrillo sobre arcos de medio punto elevado 15 metros en su punto más alto. Todo para sortear el río Finnan y, de paso, convertirse en el más largo de Escocia, con 380 metros de longitud, 240 de ellos en curva.

En Mallaig nos espera el final del camino y el comienzo de otra aventura: la de descubrir las Highlands Occidentales. Es el puerto de salida de rutas para llegar a infinidad de islas de la región, especialmente la de Skye. Aficionados al whisky, bienvenidos.