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TEATRO REAL DE MADRID

Teatro Real de Madrid: ¿por qué tiene forma de ataúd? Esta es la historia

Muy pocos se fijan en el detalle de que el Teatro Real de Madrid tiene una forma muy peculiar: De ataúd. Esta es la curiosa historia.

Teatro Real. Madrid

Imagen de Luis García en Wikipedia, licencia: CC BY-SA 3.0 Teatro Real. Madrid

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El Teatro Real, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los grandes emblemas de la ciudad de Madrid. Está ubicado en un sitio absolutamente estratégico, frente al Palacio Real en plena plaza de Oriente. Cabe destacar que su construcción comenzó nada más y nada menos que en el año 1818. Aunque, eso sí, hasta 1850 no fue inaugurado a manos de Isabel II. Un dato importante es que, de forma ininterrumpida, se mantuvo como teatro de ópera hasta que llegó el año 1925. Y todo porque el edificio tuvo que cerrar como consecuencia de diversos y graves problemas en su estructura.

Pasaron los años hasta que finalmente en 1966 el Teatro Real volvió a abrir sus puertas como sala de conciertos sinfónicos. Un tiempo después, entre los años 1988 y 1997, se decidió llevar a cabo una serie de importantes remodelaciones por las que el Teatro volvió a ser reconocido como un templo de la música. Ahora bien, hay una cuestión que pasa desapercibida y es que tiene una gran historia detrás. Para comenzar y conocerla en profundidad, debemos saber que el Teatro Real fue construido en el solar donde estaba ubicado el antiguo teatro de los Caños del Peral. Debido a su mal estado, se derribó en 1817.

Teatro Real. Madrid
Teatro Real. Madrid | Imagen de Google Maps

De ahí que, tan solo un año más tarde, comenzara la construcción del Teatro Real. Es un hecho que la planta de este edificio se vio forzada por este solar que ocupaba. Por ese mismo motivo Antonio López Aguado, arquitecto de la obra, se vio obligado a articular la sala y el escenario de tal manera que quedaron bastantes espacios vacíos. Lejos de que todo quede ahí, el tránsito a través de las alas y las cajas de escaleras era demasiado complicado. Debemos tener en cuenta que la entrada por la plaza era exclusivamente para la Familia Real y el resto del público tenía que entrar por la fachada que da a la plaza de Isabel II. De ahí que los espectadores se vieran obligados, quisieran o no, a recorrer pasillos absolutamente interminables.

La versión oficial se dice que el edificio adoptó la forma de ataúd para adaptar sus dimensiones a ese solar donde se sitúa. La otra versión, que es la menos conocida, asegura que el arquitecto del Teatro Real quiso hacer un homenaje a los muertos que se encontraban en un cementerio cercano o, incluso, de una fosa común. Lo que es evidente es que estamos ante un detalle que pocos saben pero que, desde luego, llama mucho la atención.

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