Andalucía es una tierra excepcional, es una región de una gran riqueza cultural, natural y gastronómica. Tiene playas kilométricas de arena fina, formaciones montañosas, pueblos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, etc. La lista de todo lo que podemos encontrar en esta parte de España es interminable. Por eso vamos a poner el foco en una de las cosas más típicas y que más nos atraen, los pueblos plancos que solemos encontrar en provincias como Cádiz, con su ruta de los pueblos blancos o Almería.

El origen de encalar las fachadas se remonta a la época del Imperio Romano en la península Ibérica, no obstante, serán las sucesivas epidemias de peste, fiebre amarilla o tifus de los siglos XVI al XIX, las que obliguen a los habitantes de los pueblos a encalar las fachas de sus casas.

A pesar de que la arquitectura popular de esta zona tuviera notas de color, poco a poco se fue imponiendo la uniformidad el blanco. Y es que no podemos pasar por alto que la cal cuenta con propiedades antisépticas y antibacterianas. De hecho, mantiene más de 130 usos relacionados con la higiene.

Zahara de los Atunes | Pixabay

Desde hace muchos siglos se ha vinculado la cal a la limpieza, la higiene y la renovación. Pues cada año antes del verano se encalan las casas. Además, no era de extrañar, que, si alguien fallecía en una habitación, ésta fuese encalada. Se hacía lo mismo en el interior de las iglesias, pues en muchos casos eran el cobijo de las personas enfermas.

También debemos tener en cuenta que las epidemias son épocas de hambrunas y pobreza, ello también repercutía en que las familias no tuvieran dinero para comprar los pigmentos que destinarían a dar colorido a sus paredes. Por ello, se limitaban a disolver la cal en agua, sin añadir pigmentos, y aplicarlos sobre los muros de las viviendas.

Este uso desinfectante que adquirió la cal perdura hasta nuestros días. En algunos ayuntamientos, como el de Medina Sidonia, favorecen que se siga encalando las paredes de las casas, regalando vales para adquirir 10 kilos de cal, a las personas empadronadas en este pueblo.

Otro beneficio de las fachadas blancas es que refresca las casas, pues el blanco facilita el reflejo de la luz del sol. De esta forma se evita que las paredes de las viviendas absorban todo el calor de la energía solar.

Vejer de la Frontera | Pixabay

A estas alturas, estamos deseando perdernos por las calles empinadas de estos pueblos blancos, cobijarnos del sol estival en los rincones en sombra que encontremos y pararnos a disfrutar de ese momento. De ese instante que ahora nos parece tan lejano y casi imaginario. No te preocupes, ya queda menos.