Puede que no aparezca en las listas de “obligatorios” cuando planeamos una visita a Alemania pero si tenéis la oportunidad de pasear por el parque Kromlauer, en Kromlau, no vais a terminar decepcionados. 200 hectáreas de color gracias a las miles de especies vegetales que allí conviven y formaciones naturales imposibles que nos encontramos por el camino.

Aunque, sin duda, su mayor atractivo turístico es el Rakotzbrücke, conocido popularmente como el Puente del Diablo. Aunque con este nombre cabe pensar que una leyenda se esconde detrás del interés que despierta en las gentes de la zona o en los turistas, lo cierto es que la atención se centra sobre él por un motivo mucho más simple: su arquitectura.

Imagen no disponible | Montaje

El Puente del Diablo fue construido de tal manera que, observándolo desde cualquier punto, se pueda apreciar cómo crea un círculo perfecto entre su propia forma y su reflejo en el agua. Los que llevaron a cabo este proyecto acertaron de lleno: el efecto está plenamente conseguido y lo curioso del mismo ha traspasado fronteras.

Está prohibido transitar por el puente pero las vistas son, como podéis imaginar, poderosas. Ahora bien, ¿a qué se debe el apodo que sustenta? Como crear este círculo perfecto parece cosa de magia, durante los primeros años de vida de la construcción las personas que tenían oportunidad de observarla estaban convencidas de que había sido obra del diablo. ¿Cómo, sino, podía crearse algo tan perfecto? ¿Cómo una construcción tan delicada podía mantenerse en pie?

Hoy en día, el Puente del Diablo sigue siendo un ejemplo de cómo la arquitectura y la estética pueden encajar la una con la otra regalándonos auténticas obras de arte.