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El pueblo medieval de Cuenca famoso por su castillo que tiene uno de los paradores mas singulares de España
Cuenca reúne lugares con un encanto único donde la historia y la naturaleza se fusionan a la perfección. Entre ellos destaca Alarcón, un pequeño pueblo conquense situado a pocas horas de Madrid, ideal para una escapada en la que perderse entre murallas medievales, paisajes del río Júcar y siglos de historia.
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Cada rincón de Cuenca parece tener una historia diferente que contar. Sus pueblos, cargados de relatos, reflejan ese pasado en su patrimonio, como ocurre en Garcimuñoz, cuyo castillo conserva tres fortificaciones que narran la historia de tres hombres poderosos que pasaron por estas tierras. No es para menos que Alarcón, un lugar con raíces musulmanas, esté declarado Conjunto Histórico-Artístico.
Enclavado en la provincia de Cuenca, en Castilla-La Mancha, el pequeño pueblo de Alarcón se alza majestuoso sobre una colina rocosa rodeado por los meandros del río Júcar, formando una panorámica que parece sacada de un cuento medieval. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, este destino combina historia, naturaleza y arte en un entorno de impresionante belleza.
La historia de Alarcón se remonta a la época de dominio musulmán, con su castillo original del siglo VIII que posteriormente fue conquistado por el rey Alfonso VIII en 1184. La fortaleza, que domina el valle desde su posición estratégica, se ha restaurado y hoy alberga uno de los Paradores Nacionales más singulares de España, ofreciendo la posibilidad de dormir dentro de una auténtica fortaleza medieval.
Caminar por las calles empedradas de su casco antiguo es como retroceder en el tiempo. Alarcón conserva gran parte de sus murallas medievales y puertas históricas, como la Puerta del Calabozo o la Puerta del Bodegón, que ofrecen vistas espectaculares al cañón del Júcar. Entre los monumentos imprescindibles, destacan la iglesia de San Juan Bautista, ahora convertida en Centro de Arte con murales de Jesús Mateo, reconocidos por la UNESCO, así como las iglesias de Santa María y Santo Domingo de Silos.
Alarcón también es un destino ideal para los amantes de la naturaleza: el embalse de Alarcón, a pocos kilómetros, invita a practicar deportes acuáticos, paseos y senderismo por las hoces del río.
La gastronomía local refleja la tradición manchega, con platos como el morteruelo, el cordero asado o el dulce típico alajú, que combinan sabores intensos con productos de la tierra.
Aunque su población es pequeña, Alarcón ofrece al visitante una experiencia completa: historia viva, arte contemporáneo integrado en espacios antiguos, naturaleza en estado puro y una gastronomía con carácter, lo que lo convierte en un destino perfecto para quienes buscan un viaje lleno de autenticidad y encanto.
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