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El pueblo de Cataluña donde los vecinos quemaron su castillo como acto de protesta

Este pueblo de Cataluña guarda una historia marcada por la tradición y la rebeldía, en la que su castillo se convirtió en símbolo de protesta cuando los propios vecinos decidieron prenderle fuego. Un episodio único que ha quedado grabado en la memoria colectiva y define la identidad de Balsareny.

Castillo de Balsareny

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Los pueblos catalanes reflejan una identidad fuerte en la que la tradición ocupa un lugar fundamental. Su belleza reside en múltiples factores, como la arquitectura, el entorno natural (como ocurre en Os de Civís, ideal para visitar en invierno cuando la nieve cubre sus calles) y las leyendas e historias que se transmiten de generación en generación. Hoy hablamos de otro de esos pueblos marcados por el paso del tiempo y la memoria colectiva: Balsareny, donde sus propios habitantes llegaron a quemar su castillo como un acto de protesta que aún se recuerda.

Balsareny, un pintoresco pueblo de la comarca del Bages en la provincia de Barcelona, es uno de esos rincones de Cataluña donde la historia, la rebeldía popular y la vida tranquila de valle del Llobregat se funden en un mismo paisaje. Situado sobre una amplia terraza fluvial y rodeado de bosques y colinas, este municipio de apenas unos miles de habitantes guarda relatos fascinantes que atraviesan siglos.

Entre las historias más recordadas de Balsareny está la que narra cómo, en 1835, los propios vecinos prendieron fuego al castillo del pueblo como acto de protesta contra los abusos de la nobleza feudal. Este episodio no fue un acto de barbarie, sino una reacción colectiva contra los privilegios señoriales y las cargas injustas que representaba la fortaleza en plena era liberal. Aunque el fuego consumió gran parte del edificio, la fortaleza fue restaurada más tarde y hoy sigue coronando la colina como emblema visible de la identidad local.

El Castillo de Balsareny, declarado Bien Cultural de Interés Nacional, domina el horizonte con su característica planta pentagonal y sus muros bien conservados. Junto a él, la ermita románica de la Mare de Déu del Castell aporta un toque espiritual al conjunto patrimonial. Desde sus almenas se disfrutan vistas excepcionales del valle del Llobregat y la comarca del Bages, especialmente al amanecer o al atardecer.

Además de su historia, Balsareny ofrece encanto urbano tradicional con calles empedradas, plazas acogedoras y festividades populares como la Festa dels Traginers, declarada de interés turístico.

La gastronomía local también es parte esencial de la experiencia. Platos clásicos como la escudella i carn d’olla, botifarra amb mongetes, trinxat o bacalao a la llauna reflejan la cocina catalana tradicional con productos de la tierra y recetas que han pasado de generación en generación.

Hoy, Balsareny es un destino perfecto para quienes buscan historia viva, naturaleza y sabores auténticos en el corazón de Cataluña.

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