Un puente construido en el siglo XIX une la comarca gallega de O Grove con la isla de La Toja, uno de esos sitios a los que hay que ir, sí o sí, cuando se visita Galicia. La isla es conocida, sobre todo, por el poder salutífero de las aguas dulces que emanan de su tierra, y que forman unos fangos (La Toja significa lugar fangoso) que atraen a cientos de visitantes ansiosos por ‘probar’ sus propiedades medicinales.

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Fue precisamente en el siglo XIX cuando la fama de sus lodos empezó a expandirse, y lo que era una finca para el pasto se convirtió en una especie de complejo de lujo, con balnearios, pistas de tenis, campos de golf y urbanizaciones. Pero algo en la isla resistió al embate de la civilización moderna, una pequeña ermita que databa del siglo XII y que más tarde, otra vez en el XIX, se modificó, creció en tamaño y se recubrió completamente de conchas de vieiras (donde la gente suele escribir su firma), un estupendo aislante de la humedad marina (por ello numerosas casas cercanas al mar también se forran con las conchas de este molusco). En realidad se llama Ermita de San Sebastián, pero todo el mundo la conoce como la Capilla de las Conchas y sí, aquí se casó Mariano Rajoy en 1996.

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Blanca y espectacular por fuera, dentro se puede visitar a la Virgen del Carmen… protegida por dos conchas, claro. Al salir merece la pena contemplar un enorme cruceiro, pero bueno, en La Toja se pueden hacer más cosas, entre ellas deambular por el paseo marítimo que rodea la isla y disfrutar del azul del mar y de las Rías Baixas o adentrarse en el parque forestal.

Y si le gusta el golf, no se lo piense, este es su lugar. Una vez que se ha disfrutado de la isla conviene cruzar el puente y meterse de lleno en el municipio de O Grove (al que pertenece La Toja). Si andar es lo suyo, puede enfrentarse a la Ruta dos Lagarteiros que, con algo más de dos kilómetros, le llevará por los senderos escarpados del monte Siradella. Lagarteiro quiere decir cernícalo y seguramente se encuentre con algún ejemplar de esta pequeña ave de rapiña, además tendrá unas espectaculares vistas del istmo de A Lanzada.

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O también puede darse un paseo relajante por la Laguna A Bodeira, que empieza en Punta Moreiras y recorre la costa hasta la laguna, al lado de la playa Mexilloeira: si ve aves migratorias será su día de suerte. Aunque para gozar de los zarapitos, ánades, correlimos o garzas reales, nada mejor que visitar el Complejo Intermareal Umia-O Grove, una ensenada declarada Zona Húmeda de Importancia Internacional situada entre la península de O Grove, el istmo de A Lanzada y la zona sudoeste de la ría de Arousa.

Ya en el propio pueblo de O Grove no hay que dejar de admirar las más de 50 esculturas que se exponen permanentemente a lo largo de sus calles y plazas y que poco a poco van incrementando su número con la aportación de los participantes en el Simposio de Escultura que tiene lugar cada año. Lo que empezó con la Capilla de las Conchas conviene terminarlo con un buen final: degustar los impresionantes mariscos y pescados de la zona en sus numerosos restaurantes y tabernas.