CATALUÑA

El lugar de Cataluña donde puedes vivir la experiencia del Mar Muerto sin salir de España

En España tenemos cientos de rincones que recuerdan a algunos de los hitos históricos y naturales más famosos del mundo, y lo mejor es que podemos disfrutar de ellos sin salir del país. ¿Sabías que puedes vivir la experiencia del Mar Muerto sin viajar hasta Jordania?

Mar Muerto

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En Cataluña podemos encontrar una gran diversidad de lugares perfectos para quienes disfrutan viajando y descubriendo la historia y la naturaleza de nuestro país. Desde Puigdàlber, el pueblo con la superficie más pequeña, hasta experiencias únicas como la de sentirse en el mismísimo Mar Muerto sin salir del territorio. Todo esto es posible en el Salí de Cambrils, situado en pleno corazón del Pirineo catalán.

El Salí de Cambrils se encuentra en el municipio que lleva su nombre, perteneciente a la provincia de Tarragona, y es uno de los enclaves más únicos de la zona. Antiguamente fue una explotación de sal, pero hoy se ha convertido en un museo y espacio turístico que conserva viva la tradición y la historia de siglos pasados.

Las aguas del Salí poseen una altísima concentración salina, alcanzando los 300 gramos de sal por litro, una cifra muy similar a la del famoso Mar Muerto de Jordania. Gracias a esta característica, sus aguas ofrecen propiedades terapéuticas y relajantes, beneficiosas para la piel y el bienestar general. Se dice que ayudan en casos de acné, congestión nasal, alergias respiratorias, artritis, reumatismo o insomnio, entre otros. Puedes conocer más sobre sus beneficios y servicios en su página web oficial: salidecambrils.cat

Además de sus efectos saludables, el complejo es una auténtica ventana cultural al pasado, abierta a todo tipo de público, lo que lo convierte en una escapada ideal para disfrutar en familia. Las visitas guiadas, de aproximadamente una hora y media de duración, permiten recorrer las instalaciones restauradas y conocer en detalle su historia, cultura y tradición.

La producción de sal en el Salí se realizaba de forma artesanal entre los meses de junio y septiembre, cuando el calor favorecía la evaporación del agua en las eras. El proceso consistía en llenar las balsas con agua salada, dejar que se evaporara y recoger la sal manualmente con palas, para después escurrirla, secarla, molerla y envasarla antes de su venta.

Actualmente, el complejo no solo conserva este legado histórico, sino que también comercializa su propia sal y una cuidada selección de productos artesanales, entre los que destacan chocolates, mieles, jabones naturales, licores y otros productos típicos de la tierra.

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