En la costa de Campania, entre el Cabo Miseno y Puteoli se encontraba una bahía donde, por la calidad de sus aguas termales y clima idílico, nace la ciudad de Bayas. Aunque, realmente no tenía el estatus de ciudad, pues no disponía de foros ni edificios políticos. SE cree que era más un conjunto de villas de patricios y familias imperiales.

Mientras personajes de la talla de Julio César, Calígula o Nerón, visitaban la ciudad con frecuencia, intelectuales como Séneca la juzgaban por la vida de placer y vicio que se daban sus visitantes. De hecho, Cicerón la bautizó como “pusilla Roma”, que significa una Roma en miniatura, porque como la capital, era un sitio de vicio y perdición.

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A día de hoy parte de del litoral se encuentra sumergido y es posible bucear entre los restos de esta ciudad de aguas termales. Nos sentiremos como exploradores descubriendo la Atlántida. Se conservan esculturas, villas como la de los Pisoni, pilares del antiguo puerto… Actualmente todos estos restos se encuentran habitados por peces de diferentes especies y otras criaturas marinas. Todos viven en gran número. También hay un pequeño banco volcánico, donde el humo aclara el agua y templa la temperatura.

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¿Cómo acaba esta ciudad del vicio y libertinaje bajo las aguas? Por un efecto llamado bradisismo, que se da cuando la actividad volcánica subterránea cubre de agua caliente la superficie de la ciudad. Causando la caída de la capital imperial del vicio y la perdición. Para cuando sucede tal tragedia es ya el siglo XVI y Bayas habrá perdido todo su encanto libertino.

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Aún hoy quedan restos del palacio imperial, y se conserva el templo de Mercurio, Templo de Venus y Templo de Diana. Del templo de Mercurio solo queda la bóveda, pues la planta está parcialmente hundida.

Los aficionados del buceo encontrarán en esta ciudad sumergida un auténtico paraíso donde poder revivir la vida de una de las ciudades más frecuentadas de la antigua Roma.