El Museo Provincial de Valladolid, concretamente en la Sala 14 dedicada a objetos de la España del siglo XVI, podemos encontrar el conocido como 'Sillón del Diablo'. Aparentemente, parece un rincón de descanso pero que, en la antigüedad, estaba ubicado en un rincón nada más y nada menos que de la sacristía de la Capilla Universitaria.

No solamente estaba fijado en la pared, sino también a bastante altura y boca abajo. De esta manera, se trataría de evitar volver a cometer esa gran imprudencia de dos bedeles. ¿Qué ocurrió? Llegaron a aparecer completamente muertos en sus brazos. ¡Lo que lees! Y es que este 'Sillón del Diablo' tiene una historia de lo más peculiar y te la vamos a contar desde el principio.

Todo viene dado por un proceso de la inquisición que vino marcado por el propio Andrés de Proaza, siendo un claro discípulo de Alonso Rodríguez de Guevara (1520 – 1587). El médico fue el primero en abrir toda una cátedra de anatomía en España, ubicándola en Valladolid. Por aquel entonces, esta ciudad era la capital del reino de Felipe III.

Estábamos ante una cátedra que llegaba a estar a la altura de la de Bolonia (Italia) o, incluso, Montpellier (Francia). Aun así, Andrés de Proaza no estaba del todo bien visto por sus compañeros al tener orígenes judíos. Tanto es así que comenzó un rumor de que hacía algún que otro trato con el diablo. De hecho, se decía que esos conocimientos que tenía estaban más enlazados a un pacto satánico que a sus años de práctica respecto a la medicina.

Sillón del diablo, Valladolid | Wikipedia Autor: Stilichophoto | CC BY-SA 3.0

La gota que colmó el vaso fue que un niño desapareció cuando, por última vez, se vio cerca de su casa. La inquisición no se tomaba a broma este tipo de rumores. Por ese mismo motivo entraron a su vivienda y encontraron a ese niño desaparecido ya muerto, con signos de habérsele practicado o una autopsia o una disección en vivo. Por ese mismo motivo, las autoridades decidieron encarcelar a Andrés de Proaza para torturarlo hasta terminó confesando.

En ese interrogatorio, cuando le preguntaron si tuvo tratos con el diablo, él aseguró que no. Eso sí, dijo que lo único que poseía que estaba más cerca de la hechicería era el “sillón frailero”. Confesó que se lo había regalado un “nigromante de Navarra” por haberle salvado de la Inquisición en ella año 1527 al ocultarle en su casa. El médico admitió que, cuando se sentaba en este lugar, llegaba a estar en trance hasta llegar a percibir luces completamente naturales.

Esto ayudaba a llegar con más rapidez a dar con un diagnóstico en enfermedades para su posterior curación. Eso sí, también contó que ese sillón tiene una maldición. Y es que nada más que un médico titulado se podrá sentar en él sin ningún tipo de peligro. Si lo hacía cualquier persona, a la tercera vez que se sentara, llegaría a morir de un síncope absolutamente fulminante. A pesar de todo, le hicieron poco caso hasta llegar a ejecutarle.

Sillón del Diablo | Wikipedia Autor: Rastrojo | CC BY-SA 4.0

Después de eso, sus enseres personales salieron a subasta. Nadie lo quiso y se adjudicaron a la Universidad de Valladolid. Se guardaron en un trastero, incluido el “Sillón del Diablo”, hasta que en el siglo XIX un bedel de esta universidad descubrió este sillón. Estaba cansado, por lo que quiso sentarse ahí. A los tres días, apareció completamente muerto sentado en él. Se contrató a un nuevo bedel e hizo exactamente lo mismo, por lo que al tercer día también apareció muerto sentado en el sillón.

Alguien, por suerte, se acordó de la maldición que había en este sillón. Por ese mismo motivo, se decidió colocarlo boca abajo, con la altura suficiente para no usarla. Allí estuvo hasta que ese antiguo edificio de la Universidad fue derribado. Desde entonces, este “Sillón del Diablo” empezó a formar parte de las colecciones del Museo Provincial de Valladolid, desde 1890. Estaríamos ante uno de los pocos objetos que están asociados a una leyenda negra, en todo el mundo, que aún podemos conocer.