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LEYENDAS

El alma errante de la Diputación de Granada

Descubre una de las terroríficas historias más conocidas de nuestro país: la leyenda del fantasma de la Diputación de Granada.

Granada

Imagen de Jebulon en Wikipedia, licencia de dominio público. Granada

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Granada es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más espectaculares no solamente de Andalucía, sino también de toda España. Recorrer sus calles es todo un regalo puesto que en cada rincón nos encontramos un trocito de historia que, desde luego, no nos deja indiferentes.

Los que son de esta ciudad seguramente conozcan la historia que vamos a presentarte. Estamos, sin lugar a dudas, ante el fantasma más conocido de Granada. Si decides visitarla, y una vez descubras esta leyenda, probablemente te detendrás en el edificio de la calle Mesones que, antiguamente, albergaba la Diputación de Granada.

En la actualidad se encuentra nada más y nada menos que la sede del catastro. Más de 30 años han pasado desde que este edificio marcó un antes y un después en la historia más reciente de nuestro país. Y todo por la acción del equipo de investigadores de la Universidad de Granada, así como la conocida Asociación de Parapsicología Omega.

Juntos informaron de la presencia de nada más y nada menos que un espectro. Estamos hablando de un fantasma que tiene hasta nombre: El padre Benito. Si realizas un tour por Granada capital o alguno especializado en la parte más misteriosa de la ciudad andaluza, seguro que lo mencionarán.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver un sacerdote con este edificio situado en la calle Mesones? La leyenda asegura que este lugar, antes de convertirse en Diputación de Granada, era nada más y nada menos que una mezquita musulmana. Posteriormente, pasó a ser la iglesia de la Magdalena y, posteriormente, un almacén de una multinacional.

Todo ello hasta el año 1986, aproximadamente, cuando este edificio pasó a ser la Diputación. Fue en este último de los pasos cuando, presuntamente, descubrieron una serie de restos óseos en unas hornacinas bajo los cimientos del edificio, que parecían infantiles. Se dice que en la década de los 80 fueron varios los funcionaros que, públicamente, denunciaron que esta presencia no les permitía realizar su trabajo.

Entre otras tantas cuestiones, hablaban de personas agredidas, tirones de pelo, manos invisibles que tecleaban… Una serie de situaciones completamente inexplicables hicieron que, desde luego, se tomara la decisión de trasladar la Diputación de Granada a otro edificio completamente diferente.

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