Bandas, periodistas musicales y profesionales de la industria discográfica nos sacan de dudas

Bandas, periodistas musicales y profesionales de la industria discográfica nos sacan de dudas

¿Es el rock música de viejos?

Crecí en una década -los años 80- en la que los pósters de jóvenes con mallas y pelo cardado adornaban las carpetas colegiales. Alcancé la adolescencia en plena eclosión y caída del fenómeno grunge. Me aficioné al punk con el revival del género en los 90. Y ya avanzada la veintena me vendieron la moto de que bandas como los Strokes, Bloc Party o Franz Ferdinand habían llegado para salvar el rock.

Axl Rose durante el concierto de Guns N'Roses en Madrid
Axl Rose durante el concierto de Guns N'Roses en Madrid | EFE

DANI CABEZAS | @danicabezas1 | Madrid | Actualizado el 31/07/2018 a las 20:31 horas

Tengo la sensación de que ninguna lo hizo. También de que el género, al menos en cuanto a exposición mediática, está en horas bajas. Salvo contadas excepciones, pocas bandas son capaces de llenar estadios como antaño, más allá de macrofestivales cuyo target no es, precisamente, la chavalada imberbe. Y aunque es frecuente ver a adolescentes enfundados en camisetas de los Ramones o Nirvana, en la mayoría de los casos han sido adquiridas en grandes superficies: muchos de ellos no tienen la más remota idea de quienes eran esos grupos. Ni les importa.

Por todo ello, lanzo a los cuatro vientos una serie de preguntas que vienen rondándome cierto tiempo: ¿Es el rock música de viejos? ¿Está el futuro en manos de la electrónica, el rap, el reggaetón, el trap o algún otro subgénero aún por inventar? ¿Ha dejado la juventud de lado las guitarras para abrazar los vocoders y las bases programadas? Preguntemos a quienes más saben de esto.

Julio Ruiz, veterano director de Disco Grande, en Radio 3, es uno de los primeros en recoger el testigo. Y lo hace con cierta nostalgia. “Los grandes nombres del rock son de los 60 y los 70. Como mucho, los 80”, asegura. “Creo que todo eso pilla lejos al joven de hoy, para el que ya no están de moda las guitarras. O al menos no tanto como las teclas o el sinte”, reflexiona.

“Yo no creo que el rock sea para viejos, pero está claro que ha perdido la conexión con la gente joven”, opina Paco Fernández, de la tienda, sello discográfico y promotora Holy Cuervo. “Lo digo con tristeza, pero me voy a los números y a los hechos de la propia industria musical”.

Paco pone un ejemplo: “Cuando montamos el concierto de Princess Nokia -joven rapera neoyorquina- me encontré con el público que antes solía ver en los conciertos de rock: gente de menos de 25 años. Hoy, en los grandes festivales se tira de leyendas: músicos de más de 30 y más de 40. Cuesta mucho encontrar un grupo que haga un debut con menos de 25 años, cuando Nirvana, Guns N’ Roses o Metallica grabaron sus discos legendarios a esa edad. A los chavales les atraen las bandas con las que se sienten identificados, y la edad juega un papel importante”, explica.

“Existe, además, una cuestión de género”, añade Paco. “Los conciertos y festivales de rock son hoy en día mayoritariamente masculinos. Para las chicas jóvenes es mucho más fácil identificarse con una rapera neoyorquina de 20 años que con una banda de viejos. El rock ha perdido la conexión con la juventud y la vía de escape que suponía coger una guitarra para dar salida a tu rebeldía ha dado paso a otras formas de expresión. Pero no es culpa de la juventud. De hecho, pensar que nuestra generación es mejor que la que viene es, por definición, bastante viejuno”.

“Me parece indudable que el rock está envejeciendo”, opina Diego RJ, del programa de Radio 3 El Sótano, centrado precisamente en el género. “Si hablamos de los grandes dinosaurios es fácil comprobar que la media de edad en los festivales rockeros sube cada año sin apenas relevo generacional. Cualquier atisbo de subversión que pudiesen haber tenido aquellos grupos se evaporó hace tiempo, y me parece que muchos jóvenes lo ven como la música de sus padres... ¡o de sus abuelos!”.

Pese a todo, Diego está convencido de que “aunque sean minoría, siguen apareciendo muchos grupos de chavales que ven en las guitarras una forma de expresión, de gritarle al sistema o simplemente de diversión. Igual queda condenado a las catacumbas, que en el fondo es donde mejor se conserva, pero al rock'n'roll le queda cuerda para rato”, sentencia.

Joan Luna, redactor jefe de la revista musical Mondosonoro, aporta otra visión. Y pone el foco en los medios. "A la hora de considerar las modas, creo que los medios somos muy amarillistas -algo que intento no ser, dicho sea de paso- y se apuesta por el todo o nada. Se dice que ahora manda la música urbana, y que el rock y las guitarras no le interesan a nadie joven. En cierta manera me parece un error verlo así”.

“La realidad, desde mi prisma y con los ejemplos a los que puedo acceder al tratar con redactores jóvenes y aficionados, es que obviamente el rock de guitarras no es ahora mismo mayoritario. El rap y las música urbanas se han consolidado y ahora mismo son lo más masivo entre la gente joven, pero no todo el mundo escucha lo mismo. El boom del rock que se vivió en los noventa ha desaparecido, pero eso no significa que no haya gente joven a la que no le interese el rock, el hardcore, el punk u otros géneros en los que las guitarras son importantes”.

Para Luna, hay futuro. “Gran parte de las grandes bandas de rock duro han conseguido mantenerse de actualidad porque a su público de toda la vida se le han sumado nuevos seguidores. El público de las bandas de garage actuales (¿sirven casos como los de Hinds?) o del rock vitaminado de gente como Royal Blood es bastante joven. A eso podríamos sumarle la cantidad de gente joven que hay en microescenas como el metalcore o el punk. ¿Son millones? Obviamente no, pero en la música todo es cíclico. Lo que un día está de moda deja de estarlo al cabo de unos años, y vuelta a empezar. Ocurrió con el paso de los 70 a los 80, hubo cambio de tornas en los 90, la electrónica copó unos años de popularidad para volver a dejarle lugar a la invasión de nuevas bandas de guitarras británicas. Y vuelta a cambiar”.

Álvaro Escribano también conoce el rock desde dentro. Durante mucho tiempo vendió discos en una de las tiendas más añoradas de la capital, Escridiscos. Ahora toca en bandas como Swampig y tiene su propio estudio de grabación, La Chulona. “¿Que si el rock es música para puretas? No lo creo”, afirma con rotundidad. “Cada cinco minutos hay una persona nueva flipando por primera vez en su vida con cualquier tipo de estilo dentro del rock, igual que las hay con el hip hop, el jazz o el flamenco”.

Pese a todo, y al igual que Paco y Joan, Álvaro también reconoce que el rock ya no es el estilo musical por excelencia. Pero advierte: “también lo dieron por muerto a mediados de los setenta, o a finales de los 80. Curiosamente, épocas en las que no dejabas de ver grupos muy interesantes. Estoy convencido de que siempre va a haber relevo generacional”.

Koke Díez, técnico de sonido bregado en mil conciertos y socio del estudio de grabación madrileño Manufacturas Sonoras, apunta en otra dirección. “Creo que existe un problema de desinformación y, al mismo tiempo, de exceso de información. Las familias dan muy poca importancia a la educación musical y dejan que los chicos se formen por sí mismos a través de Internet. El resultado es que todo lo que encuentran es, básicamente, basura. Si en casa no escuchas música; si no existe un interés por parte de tu familia y lo único a lo que tienes acceso es al fútbol, al Facebook y a mierdas por el estilo, mal vamos”, lamenta.

Koke contrapone esa situación a lo que ocurre en otros países europeos, a donde viaje frecuentemente como técnico de sonido. Y pone como ejemplo a la siempre socorrida Escandinavia. “En el norte de Europa todos los chavales tocan un instrumento y saben leer música, lo cual les genera inquietud”, apunta. “Si a eso se le suma que existe un apoyo decidido por parte de las instituciones públicas, el resultado se ve reflejado en todas las generaciones”.

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