Para los que amamos la música con todas nuestras fuerzas pocos placeres se pueden comparar al de descubrir un nuevo artista que te enamora o ir a un concierto mágico.

Esta semana, gracias a Son Estrella Galicia, he podido disfrutar de ambos placeres a la vez y llevan por nombre: Weyes Blood. Una cantautora californiana de 31 años con cuatro discos a sus espaldas, cuya carrera desconocía, pero que ahora me puede contar entre sus fans para siempre.

Sonidos folk psicodélicos mezclados con dream pop y rock alternativo teñidos de una dulce tristeza. Esta semana estuve devorando su discografía en Spotify, especialmente “Titanic Rising”, en mi opinión uno de los mejores discos de este 2019.

Después el concierto en una abarrotada Sala 0 superó todas mis expectativas. ¿Queréis escuchar más canciones tristes?, pregunto en un momento entre los aplausos del público. Uno de esos conciertos perfectos en los que la sala, el público, el sonido y el artista se conjuran para crear una atmósfera mágica.

Hora y media de música en catorce canciones en las que Natalie Mering nos llevó navegando por las aguas de su particular melancólica en busca de la esperanza que se intuye brillar al fondo de muchas de sus canciones.

Sonaron espectaculares "Everyday", "Something To Believe", "Andromeda" y la etérea "Movies". Un concierto al que sólo le podía haber pedido más canciones y que terminó con sorpresa con una soberbia versión de "Nights in White Satin" de Procul Harum.

La música se puede disfrutar de muchas maneras y los conciertos íntimos, intensos y calmados me pueden enamorar tanto como el mayor de los fiestones. Weyes Blood consiguió que desconectara de la realidad durante noventa minutos y ahora quiero que vuelva a llevarme de viaje a Andrómeda pronto.