VOLVERÁ A LOS ESCENARIOS EN 2019

VOLVERÁ A LOS ESCENARIOS EN 2019

De hologramas y estrellas muertas: la gira post mortem de Amy Winehouse

La cantante británica que falleció en 2011 volverá a los escenarios en 2019. En forma de holograma, claro. A no ser que alguien lo impida, ya que no es la primera vez que la idea de giras 'post mortem' de artistas muertos ocupan los titulares. Los problemas legales no son los únicos capaces de truncar estas iniciativas. También los morales. ¿Por qué? Hablemos de ello.

Amy Winehouse en un concierto en 2008
Amy Winehouse en un concierto en 2008 | Getty Images

VÍCTOR M. GONZÁLEZ | @VictorMGonz | Madrid | 12/11/2018

¿Recuerdas los hologramas de 'Star Wars'? Bueno, es una pregunta tonta. Claro que recuerdas los hologramas de 'Star Wars'. Es más, varias generaciones, tanto los que vieron la trilogía de los 70 en su momento como los que crecimos en la época de 'La amenaza fantasma', flipamos con la idea de que un holograma nos pudiera mostrar a alguien que se encontraba a miles de kilómetros de distancia.

Y mucho más si hablamos de alguien muerto. ¿Les sucede lo mismo a los pequeños que ven ahora la saga continuada por J. J. Abrams? No lo creemos. Ya es un hecho, y uno un tanto inquietante. Vivimos en una era de confusión en la que vemos hechos realidad muchos de esos inventos de ciencia ficción con los que soñábamos en la infancia, pero ahora nos plantean el debate si estamos jugando limpio con todo lo que ofrece la tecnología.

La actualidad nos brinda una polémica nueva de esas que capturan la esencia de 'Black Mirror', serie definitoria de nuestro tiempo. Hace unas semanas supimos que Mitch Winehouse, padre de Amy Winehouse, y la empresa Base Entertainment preparan una gira de la cantante para 2019 en Norteamérica. En holograma, claro.

Murió en 2011. Las reacciones no se han hecho esperar, como en otros casos recientes, y se dividen en dos posturas que tienen fundamento. Por un lado, los que se oponen alegando que la artista británica fue un juguete roto en su día y que deberían dejarla descansar: recordemos que Amy Winehouse no tuvo una relación idílica precisamente con su padre. Por otro, los que creen que es buena oportunidad para honrarla y para destinar los beneficios a su fundación contra la dependencia a las drogas y el alcohol.

La tecnología y la industria, bajo sospecha

La batalla legal y la problemática mora van casi de la mano. El primer caso oportuno de estrella resucitada por la tecnología del que merece la pena hablar es el de Tupac, que murió en 1996 y regresó a los escenarios, en forma de holograma, en 2012, en el festival de Coachella. No fue la primera vez que sucedía, pero sí la que mostró que lo tecnológico y lo metafísico podían aliarse para crear mucho dinero.

Los restos de Digital Domain, la empresa detrás de este Tupac producido a partir de CGI, 2D e ilusionismo de cine, sobrevive ahora en Pulse Evolution, una de las dos empresas que se reparten la mayor parte de la tarta de los hologramas. Cuenta con los derechos de imagen de artistas como Michael Jackson, Elvis Presley, Marilyn Monroe y Selena.

Pero en estos seis años desde el caso de Tupac han evolucionado la tecnología y el mercado, los debates legales y éticos. Ahora los métodos son mucho más avanzados, en 3D y con registros digitales que permiten recrear a la perfección la imagen y gestos de los cantantes, en algunos ejemplos gracias a modelos casi idénticos a ellos que pueden crear bancos de movimientos.

Además de Pulse Evolution, destaca la pionera Hologram USA, con una cartera que incluye a Patsy Cline, Buddy Holly y Billie Holiday. En 2016 proyectó una gira con la imagen de Whitney Houston, que se truncó por problemas en los tribunales. La tercera compañía en discordia es Base Entertainment, que llevará a Amy Winehouse a lo largo y ancho de Norteamérica durante el próximo año, y que ha hecho lo mismo con Roy Orbison con sorprendentes buenas reseñas.

El factor metafísico, el emocional: el recuerdo

Pero, ¿qué debes tener para hacer un holograma de un famoso y que no te empapelen? Los derechos de las fotografías y vídeos que se usan para recrear esa imagen. Existe, aun así, un aspecto más esquivo: los derechos de la personalidad, que dicen que la "existencia" de una persona solo puede explotarla ella misma mientras está viva.

Tras la muerte, depende del lugar; hay estados de Norteamérica que solo se los conceden a la familia, otros los bloquean durante varios años… Una de las primeras batallas legales al respecto sucedió en 2012, cuando los poseedores de los derechos sobre el legado de Marilyn Monroe amenazaron con demandar a Digicon Media por haber creado una Marilyn digital... Otro ejemplo de cortapisa es el caso de Robin Williams, que dejó escrito antes de morir que nadie pudiera usar su imagen en 25 años.

Este es parte del dilema moral: las decisiones que se toman tras la muerte de los artistas. Justin Timberlake afirmó que para su actuación en la última Super Bowl estaban barajando utilizar un holograma de Prince, cuando el cantante fallecido declaró en 1998 que estas propuestas eran "demoníacas".

Otros, no obstante, hablan de la posibilidad de generar beneficios solidarios y de saldar las deudas de estas 'celebrities' que no están entre nosotros como aspectos positivos. También está el factor metafísico, el emocional, el recuerdo, que es lo que hace avanzar este mercado que, según los expertos, tecnológicamente no tiene mucho más que dar.

De hecho, hay empresas, como 8i, que trabajan en la comercialización de hologramas de seres queridos, como si fueran vídeos o fotos. ¿Una industria inmoral o el futuro de la nostalgia?

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