le gusta ser el redescubridor de talentos descarriados

le gusta ser el redescubridor de talentos descarriados

Cuatro mujeres amadas por Morrissey, un rey del glam y una canción despreciable

Al excantante de los Smiths, le gusta ser el redescubridor de talentos descarriados, trabajo al que se dedica en su disco tributo a la vida americana.

Morrissey durante un concierto en Escocia
Morrissey durante un concierto en Escocia | Getty Images

ELENA CABRERA | Madrid | 08/04/2019

Morrissey es el hipo adoptivo de California y quiere que eso tenga valor legal, por llamarlo así, con la grabación de un disco de homenaje a aquellas canciones que te hacen llorar cuando las cantas y aquellas otras que salvaron tu vida, en palabras del artista.

El álbum, titulado ‘California Son’, saldrá el 24 de mayo pero dos meses antes, el británico residente en Los Ángeles desde finales de los noventa, ya se había ocupado de airear las canciones elegidas para hacer sus versiones.

De alguna manera, todas las canciones pagan tributo a la vida americana de Morrissey y a la imagen idílica de California y Estados Unidos que él se hizo de niño y de joven desde su lluviosa Manchester natal.

Algunos artistas son bien conocidos, como Bob Dylan, Joni Mitchell o Roy Orbison, pero otros son extraños para el público extranjero, contemporáneo y no necesariamente demasiado aficionado a la música. Repasamos algunos de ellos.

El rescatador de las almas perdidas y de los hijos descarriados, como uno más de la manada —a pesar de su éxito—, el idolatrado Morrissey siempre ha actuado como un fan con privilegios: el de aquel que no solo se compra un disco de una artista folk olvidada, sino que se la lleva de gira en un tour siempre con 'sold out' y miles de entradas vendidas.

Jobriath, el David Bowie caído en desgracia

Jobriath es uno de los artistas favoritos de Morrissey. Cuando quiso hacer un dueto con Siouxsie, le ofreció una canción de Nancy Sinatra, una de Dionne Warwick, ‘Morning Star Ship’ de Jobriath y la que finalmente hicieron, ‘Interlude’ de Timi Yuro. Morrissey y Siouxsie no se conocían, así que él la telefoneó a residencia francesa.

Se cayeron mal: “es un setenta por ciento [la hermana de Alexis Colby en Dinastía] Kate O’Mara y un dos por ciento [la asesina en serie] Myra Hindley”, escribió en su autobiografía, “y parece odiar incluso a la gente que le cae bien”. No es de extrañar que, pese a los fuertes deseos del público, Morrissey y Siouxsie no hicieron el dueto las dos noches que coincidieron en España tocando en el Festival de Benicàssim en el año 2008.

De manera que ahora Morrissey se despacha, al fin, con la canción que le rechazó la “estatua soviética”, como la llama, 25 años después. Jobriath fue el antecesor de Bowie, un personaje alucinante, niño andrógino y superdotado, un músico de glam rock criado en Tejas que se convirtió en el primer músico abiertamente gay que fichó con una multinacional discográfica.

Pero su carrera no fue un éxito, aunque se adelantó tres años a la explosión del glam, el servicio militar le hizo truncar su incipiente carrera y una serie de tropiezos le hizo pasar por el psiquiátrico y vivir en un piso en ruinas en California, dedicándose a la prostitución.

Y allí estaba, en caída libre, hasta que el descubridor de Patti Smith, Jerry Brandt, le rescató de la miseria y le relanzó con una gran campaña de promoción. Pero su excentricidad, su peculiaridad, su talento extraño y no tan evidente como el de David Bowie o Marc Bolan le hizo pinchar de nuevo y quedar, para la posteridad, ligeramente enterrado. Lógico que Morrissey le adore.

Morrissey le descubrió a principios de los 90 e hizo las gestiones para rescatarle como tolero de su Your Arsenal tour en 1992, para descubrir, con chasco, que llevaba muerto diez años a causa del sida. Su obsesión, no obstante, sirvió para darle una segunda vida a Jobriath.

Buffy Sainte Marie, la nativa de Barro Sésamo

Buffy nació en una reserva cree (nativoamericana) en Canadá. Fue adoptada y creció en Massachusetts. Se convirtió en cantante folk en los años 60 y nunca dejó de lado el activismo por los derechos de los amerindios. Cuando empezó a hacerse popular, se fue a vivir a Hawai, donde no la reconocieran. A Morrissey le chiflan estos personajes esquivos.

En los 70, estuvo, como supo posteriormente, en una lista negra que hacía que sus canciones no fueran radiadas y la CIA y el FBI tenían dossieres con su nombre. Posteriormente, volvió a la fama en los años 80 por su participación en Barrio Sésamo, donde hablaba de las tradiciones nativoamericanas e interpretaba canciones.

En uno de los shows, se puso a amamantar a su bebé, por lo que la gallina Caponata le preguntó que qué hacía. Ella contestó: “alimento al bebé”, a lo que Caponata contestó: “es una manera graciosa de alimentar a un bebé”. Probablemente era la primera vez que se veía dar el pecho a un bebé en una televisión nacional. No pasó desapercibido.

Morrisey la conoció en el año 71, cuando tenía 12 años. Admiraba de ella su activismo político, sus “letras sin miedo” y “los riegos por los que pasó”. Pero Buffy no fue solo una cantautora folkie apegada a sus racíes, sino que descubrió internet en sus albores y se quedó fascinada.

Compuso canciones a principios de los 90 con un ordenador Mackintosh y las envió para mezclar y masterizar a su productor en Londres vía módem; lo que ahora nos parece obvio, en aquel momento fue un acontecimiento sorprendente.

En 2015, 50 años después de su primer álbum y con uno nuevo en las tiendas, ‘Power in the Blood’, Morrissey la invitó a participar en algunos conciertos como telonera en el Reino Unido. Ella tenía 74 años. Se cayeron bien. Ambos son vegetarianos y activistas por los derechos de los animales.

Laura Nyro, el talento truncado

Una foto cualquiera de Laura Nyro podría ser la de una chica española en su veintena en Instagram. Pero había nacido en el Bronx en 1947. Tal era su juventud, su largo pelo moreno, su increíble talento bajo una actitud natural. Escribió ‘Wedding Bell Blues’ cuando tenía solo 18 años, en 1966, y ni siquiera se llevó la fama.

La grabó para su álbum de debut, ‘More Than a New Discovery’, pero su productor y arreglista no le dejó interpretarla tal y como ella la había concedido: como una suite con diferentes cambios de tempo, lo cual hizo que al final Laura repudiara el disco. Quien finalmente triunfó con la canción fue un grupo dos años después, The 5th Dimension, quien ya venía triunfando con otras versiones de la artista.

“Oh, but am I ever gonna see my wedding day?” es la frase más reconocible de la canción, que se convirtió en Estados Unidos en una cita popular y que a Morrissey, como no, le encaja como anillo al dedo.

Laura Nyro fue bisexual y feminista. En los años 70 fue novia de Jackson Brown y en los 80 tuvo su relación más duradera, con la pintora María Desiderio. Como Morrissey y Buffy Saint-Marie, también fue vegetariana y defensora de los animales.

Uno de sus grandes traumas fue la muerte de su madre, con 49 años, de cáncer de ovarios. A ella le dedicó su disco ‘Smile’. Pero Laura enfermó, también de cáncer de ovarios, muriendo a la misma edad que su madre, en 1997.

Melanie Safka, la chica que hablaba con las vacas

Cuando Morrissey hablaba de cantar las canciones que te hacen llorar, seguro que estaba pensando en ‘Some Say I Got Devil’ de Melanie, que bien podría ser el reverso de la canción de Gary Puckett de la que luego hablaremos.

“Algunos han tratado de venderme todo tipo de cosas para salvarme de que me duela como mujer y de llorar como un bebé”, dice la letra que insiste en que ella “no está en peligro” y que tan solo tiene “problemas”. “Y aunque me gustaría decir exactamente como me siento, de alguna manera la música lo esconde y lo esconde”, canta Melani y canta, profundamente convencido, Morrissey.

En 2014, tras la salida de su ‘Autobiografía’ y el anuncio del proceso de escritura de una novela, Morrissey admitió que estaba obsesionado, por esos días, con Melanie Safka. “Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca dejo de escuchar música. Escucho tanto que me preocupa. Me tumbo en el baño y se me va la cabeza. La música puede dar vida a los vegetales y yo lo sé bien porque soy un vegetal", dijo.

Aunque apenas la recordemos hoy, Melanie Anne Safka-Schekeryk fue una de las tres únicas mujeres que participaron en el festival de Woodstock de 1969. Era una chica de Queens de padre ucraniano y madre italiana cantante de jazz. Siguiendo con el espíritu animalista, Melanie había publicado en 1970 la canción ‘I don’t eat animals’, “demostrando una más que considerable comprensión de la vida”, que escribiría Morrissey en su libro de memorias.

Y lo hizo catorce años antes de que el ex Smiths escribiera un paso más allá, más violento, titulado ‘Meat is murder’, pero en la misma línea. Las otras canciones de Melanie favoritas del cantante, que son citadas en su libro, son ‘I Really Love Harold’, ‘Johnny Boy’, ‘Turning My Guitar’, ‘Close To It All’ y la que finalmente ha escogido para versionar, ‘Some Say I Got Devil’. "Es música folk, es música pop pero es también el uso de la grabación como estrado para dar un discurso y la sinceridad de la voz es abrumadora", dice sobre ellas.

Gary Puckett & the Union Gap, el ‘enterteiner’ de Richard Nixon

A los Union Gap les gustaba vestirse de uniforme. En concreto, con los del ejército de la Unión en la Guerra Civil Estadounidense. Y a Gary Puckett, su cantante, también, claro. Aunque había nacido en Minnesota, Puckett estudió en San Diego, California. pero pronto dejó los libros para enrolarse en el rocanrol de los años 60. La voz de Gary era emocionante y su potencia quedaba bien arropada por las baladas y medios tiempos que su grupo le brindaba.

En 1968, no pararon de ametrallar números uno y discos de oro, y, mientras los verdaderos soldados ametrallaban en Vietnam, Gary Puckett actuaba —cambiando el uniforme por los pantalones de campana— en el jardín de la Casa Blanca durante una recepción de Richard Nixon al príncipe Carlos de Inglaterra. “Lady Willpower” fue uno de esos hits, escrito, en realidad, por otra persona, el productor tejano afincado en Los Ángeles Jerry Fuller, quien descubrió a Gary y sus soldados en una bolera de San Diego. Jerry les escribió esa y las otras tres canciones con las que triunfaron en el año 68.

Aunque la canción se llame “Señorita Fuerza de Voluntad”, no habla sobre una mujer fuerte sino sobre un hombre acosador y paternalista que presiona a una mujer, dándole ultimatums, para que se acueste con él. Una canción ofensiva pese a la belleza de su melodía y que contrasta con los mensajes de Buffy Saint-Marie o Laura Nyro.

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