En la rueda de prensa de presentación del Mad Cool 2019 los organizadores prometieron solucionar todos los problemas del año pasado y han cumplido. Mejoraron los accesos al festival, aumentaron el personal en las barras, quitaron las zonas vips delante de los escenarios, quitaron un escenario y redujeron el aforo.

Todo eso, acompañado de venta de entradas por debajo del limi, ha hecho que los asistentes bajaran de los 240.000 en 2018 hasta los 186.000 este 2019. El resultado ha sido tiempos de espera muy razonables en las barras, cero agobios en los conciertos y que moverse por todo el recinto fuera algo facil, cómodo y agradable. Al final el Mad Cool ha tenido que hacerse un poco más pequeño para consolidare y hacerse grande.

En lo musical el sábado ha sido de largo el mejor de los cuatro días de esta edición. La culpa la han tenido los conciertazos de Prophets Of Rage, The Cure y unos sorprendentes Greta Van Fleet.

Primero fue el pogo, la rabia liberada y el guitarreo salvaje de Prophets Of Rage. Esta encarnación de Rage Against The Machine junto a miembros de Cypress Hill y Public Enemy monta unos fiestones impresionantes. La gente no paró de saltar cuando sonaron clásicos como "Guerrilla Radio", "Bullet In The Head", "Justify", "Bulls On Parade" y "Killing In The Name".

Después fue turno para The Cure que tuvieron más de dos horas de show en los que repasaron su extensa carrera. Robert Smith sabe como hacer un concierto legendario y ayer en Madrid lo demostró con intensidad, un sonido perfecto y un setlist que convenció a todos.

Hubo un momento a mitad del concierto en que la gente se quedó un poco fría pero la espera mereció la pena cuando en los bises se tocaron seguidas "Lullaby", "The Caterpillar", "The Walk", "Friday I'm In Love", "Close To Me", "Why Can't I Be You?" y "Boys Don't Cry".

Aunque la sorpresa de la jornada, y de todo el festival, fueron Greta Van Fleet. Muchos intentan compararlos con Led Zeppelin, algo exagerado, pero si es verdad que Greta Van Fleet son la mejor imitación que puedas imaginar de los grandes grupos de progressive, hard rock y psicodelia de los sesenta y setenta. A base de solos de guitarra, complicadas canciones de seis minutos y con la brutal voz de Josh Kiszka como principal arma consiguieron hipnotizar al público y llevarlo al éxtasis.

Cierra así la cuarta edición del Mad Cool, la que le consolida como uno de los grandes festivales de música de Europa y la que apunta a un futuro prometedor. Esperemos que el año que la organización funcione igual, el sonido siga siendo tan bueno y puedan seguir viniendo grandes grupos a Madrid.