Dicen que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”. En una época en que las redes sociales nos hacen pensar que podemos contarlos por centenares, o incluso por miles, el concepto de amistad parece haberse diluido. O, al menos, estar mutando hacia un futuro cada vez más difuso.

En 1993, mucho antes de que las redes sociales formaran parte de nuestras vidas, el antropólogo británico Robin Dunbar estudió las relaciones entre los primates para extrapolar una conclusión a los seres humanos: cada individuo puede tener, como máximo, 150 vínculos de amistad significativos.

En realidad son muchos menos. Los amigos, los de verdad, se pueden contar con los dedos de una mano. No lo son, necesariamente, aquellos con los que uno sale a tomar cañas, sino los que están ahí de manera incondicional.

Los que sobreviven al paso del tiempo y las circunstancias, y con quienes puedes entenderte sin necesidad de hablar. Personas a las que acudir no cuando las cosas van bien, sino cuando se tuercen, para que te digan no lo que quieres escuchar sino lo que necesitas oír.

Con el objetivo de poner en valor esa importancia de cuidar a los amigos, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró en 2011 el 30 de julio Día Internacional de la Amistad.

“A través de la amistad, cultivando los lazos de la camaradería y fortaleciendo la confianza, podemos contribuir a los cambios fundamentales y necesarios para alcanzar una estabilidad duradera, tejer una red de apoyo social que nos proteja a todos y generar pasión por lograr un mundo mejor, todos unidos por el bien común”, estableció la solemne declaración.

“La amistad es un concepto difícil en estos tiempos que corren”, reflexiona Begoña Finat, profesora de secundaria en un colegio de Madrid y alguien que ha visto desfilar por su clase a amigos y amigas de varias generaciones.

“Creo que muchos de mis alumnos no la han experimentado de verdad. Las redes sociales nos llevan a un dulce engaño, a lo que hay que unir un individualismo cada vez más presente y el miedo a la intimidad: nadie habla de sí mismo, más allá de generalidades”.

En opinión de Finat, “la amistad requiere humildad, sencillez, generosidad y sinceridad. Y todo ello supone un riesgo. Como decía Cicerón, la amistad nace entre iguales o nos hace iguales, y desgraciadamente vivimos en una sociedad cada vez más desigual”, lamenta.

Jorge Benedicto, profesor de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), aporta su punto de vista al respecto: “Las redes sociales han introducido una mayor complejidad en nuestras relaciones de amistad. Por un lado se han amplificado, pero por otro han perdido intensidad emocional”.

¿Es esto necesariamente negativo? Benedicto no lo tiene tan claro. “Tiene una parte rica: las personas están indudablemente más conectadas entre sí que en la generación anterior, y pueden comunicarse de infinidad de maneras distintas. Sí: puede que algunas relaciones sea más distantes, pero reportan muchas posibilidades. Tendemos a pensar que el mundo era mejor antes, y no es necesariamente así: simplemente se está transformando”.

Lo que no cambia es, en todo caso, la importancia de la amistad. “Es un elemento fundamental de desarrollo de la persona”, confirma Jorge Benedicto, “y así lo confirman todas las encuestas, que siempre sitúan a los amigos como una de las tres cosas más importantes de la vida, junto a la pareja y la familia. Hasta en las sociedades más individualizadas del mundo, la amistad se valora y concibe como algo fundamental en la vida”.