Desde su fundación en 1713, la Real Academia Española ha tratado de registrar los cambios que ha ido experimentando nuestra lengua a lo largo de los siglos. Otra de sus funciones más importantes es la de adaptar el idioma a las necesidades de los hablantes.

A esta institución le debemos que el español sea la única lengua que inicie las preguntas con el signo "¿" y las exclamaciones con el signo "¡". Hay que remontarse a siglos atrás para descubrir el origen de esta peculiar anomalía.

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