PESE A LOS ESTEREOTIPOS DE LA LITERATURA Y EL CINE

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Así son los auténticos detectives privados

A pesar de la imagen que ha dado de ellos en el cine y las novelas los detectives privados son profesionales liberales que se dedican a buscar pruebas sobre asuntos, siempre y cuando el cliente tenga un "interés legítimo", y siempre dentro de la legalidad. Visitamos un despacho de abogados para comprobar que no llevan (necesariamente) gabardina y conocer más de su trabajo.

Hablamos con dos detectives privados
Hablamos con dos detectives privados | Archivo Getty Images

SERGIO C. FANJUL | @txepeligro | Madrid | 11/01/2018

El detective privado es un tipo duro que frecuenta con soltura los bajos fondos y los lugares más sórdidos. En su pequeño despacho destartalado, lleno de humo, alguien llama a la puerta. El detective quita los pies de encima de la mesa, esconde la botella de bourbon y ordena un poco el caos circundante. Entra una mujer tocada con una pamela, fumando con labios de rojo carmín: "Señor, tiene usted que encontrar a mi marido".

Así nos imaginamos a los detectives gracias a la novelas negras de Dashiell Hammet o Raymond Chandler o a las películas de cine noir. Pero los detectives privados del mundo real no son exactamente así. En la agencia de detectives Tesca, situada en el centro de Oviedo, me hacen pasar a un despacho muy diferente al del detective novelesco: hay obras de arte contemporáneo, buena luz, temperatura agradable, fotos familiares y una mullida alfombra. Tras una breve espera entran los detectives.

- No nos gusta demasiado que nos asocien a esa imagen del detective privado - dicen-, somos gente normal y este es un trabajo como cualquier otro.

En efecto, María José Cueto Sánchez y Carlos Argüelles-Meres Arias, que fundaron la agencia en el año 83, parecen personas "normales" (no entraré en mayores descripciones porque un detective debe pasar desapercibido como si estuviera pixelado). Al menos no llevan gabardina, ni sombrero, ni me observan ocultos a través de grandes hojas de periódico, como en las películas. Eso sí, como veremos, su trabajo es bastante particular. ¿Qué es, pues, un detective privado?

- Pues, sencillamente, un profesional liberal que investiga y recaba pruebas dentro de la legalidad- resume Cueto.

Los clientes, empresas o particulares, acuden a su despacho cuando quieren saber más sobre un asunto o persona. El fin es presentar las pruebas en un juicio o resolver una necesidad de información personal: hay personas que quieren saber en qué malas compañías se mueven sus hijos cuando detectan comportamientos extraños o si su pareja les está siendo infiel. "Siempre tiene que haber un interés legitimo para investigar", puntualiza la detective, "si alguien quiere vigilar al vecino del quinto simplemente porque le cae mal, no podemos aceptar el encargo, por respeto al derecho a la privacidad". Otra cosa es que el vecino deba dinero, haga competencia desleal o falte con frecuencia a su trabajo. Entonces habrá quien tenga legitimo interés en saber más.

Otros casos comunes son empresas que investigan los motivos del absentismo laboral de los empleados, fraudes económicos o a compañías de seguros, y un largo etcétera. Por ejemplo, la insolvencia fingida: personas que dicen no tener dinero para pagar sus deudas, pero que acaba apareciendo a la luz de la investigación detectivesca. Los detectives actúan siempre dentro de lo civil, y no de lo penal, donde la legislación les pone un límite: para eso ya está la policía (de hecho, si encuentran en su investigación algún delito penal están obligados a dar aviso).

"Hay gente que viene pidiendo que hagas cosas ilegales o alegales, como intervenir el teléfono móvil de parejas o empleados, pero son casos que tenemos que rechazar", afirma Argüelles-Meres. Su actividad viene regulada por la Ley de Seguridad Privada. Por esta ley los detectives solo pueden compartir la información recabada con sus clientes. Ah, y no tienen licencia de armas, como muchos detectives de ficción. Según la última estadística de Seguridad Privada del Ministerio de Interior, en 2015 en España había 3.792 licencias de detective, de ellas 1.637 en activo.

No todo son dineros, empresas, deudas... "Muchas veces trabajamos con sentimientos", dice Cueto, "hoy en día ya no hace falta acreditar una infidelidad para pedir el divorcio, pero mucha gente quiere tener conocimiento para justificarse ante sí misma, para cuando dentro de unos años los hijos pregunten el porqué de la separación".

Las técnicas que utilizan en su desempeño detectivesco son muy variadas: desde el chequeo de las redes sociales ("hay gente muy torpe que lo pone todo en su Facebook abierto, nos facilitan mucho el trabajo") hasta la consulta de multitud de documentos oficiales; desde el seguimiento físico (una vez pillaron bailando a una persona que decía no poder caminar), con grabación de vídeo o toma de fotos, hasta la indagación interrogando personal y disimuladamente a las personas que rodean un caso (los porteros de finca suelen saber cosas, en este caso el estereotipo se cumple). Todo con el objetivo de conseguir información y con el único límite que pone la ley. El precio de uno de sus informes, de media, se encuentra entre los 1.000 y los 3.000 euros.

"Lo que está claro es que la tecnología lo ha cambiado todo", dicen los detectives, "tanto a la hora de encontrar información en la Red (ya no hay que recorrer interminables ventanillas de instituciones) como a la hora de usar aparatos de grabación o fotografía, cada vez más potentes". Ya ni siquiera tienen que ir a una tienda de revelado de fotos donde ponían en riesgo la privacidad de sus clientes. En los equipos de detectives, además, es necesario que haya personas de ambos sexos y de varias edades.

"Hay casos en los que hay investigar en un club de alterne, en otros una peluquería de señora: en cada situación debe ir un detective diferente para no llamar la atención", explica Argüelles-Meres, que, además, recuerda un refrán que decía su abuelo: "Tenemos dos orejas y una boca para escuchar el doble y hablar la mitad".

Aunque los detectives reales no sean como los de las novelas, lo que es seguro es que su profesión no es nada monótona. "Cada día es diferente, se puede decir que no nos aburrimos", confirman estos profesionales, aunque a veces se vean obligados a montar guardia durante horas o viajar siguiendo una pista hasta la otra punta de España.

Por eso, este es un trabajo con horarios muy variables y en el que uno sabe donde empieza pero no siempre donde acaba: "para un detective tener medio tanque de gasolina es estar en reserva", apunta Argüelles- Meres. La formación en esta profesión se hace a través de los estudios que ofrecen varias universidades (a modo de Titulo Propio) pero, como señalan en Tesca, "luego hay que pisar la universidad de la calle".

Otra característica curiosa es que despachos como este pueden servir cómo termómetro de los cambios sociales. Por ejemplo, el hecho de que la demanda por parte de particulares haya subido en los últimos tiempos señala, a juicio de los detectives, una suavización de la situación económica. "En crisis se mantiene o aumenta la demanda de las empresas: dadas las dificultades ya no pueden dejar pasar cosas como deudas o absentismo laboral", dice Argüelles-Meres.

También detectan una relajación en el uso de anticonceptivos (ven proliferar los embarazados no deseados o el contagio de enfermedades de transmisión sexual) o una creciente falta de respeto de los hijos por sus padres, es decir, cierta relajación en la educación. "Se está malcriando a los hijos y creando verdaderos dictadores", dice Cueto, "es un problema social importante que no sabemos donde va a acabar". Incluso, dicen, detectan un creciente machismo entre los más jóvenes.

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