Theodore Robert Bundy, fue un asesino en serie, violador y el necrófilo que acabó con la vida de al menos a 36 mujeres antes de ser capturado en 1975 y condenadas a muerte.

El 24 de enero de 1989, fue ejecutado en una silla eléctrica en la prisión estatal de Florida. Hoy se cumplen 30 años de ese momento, tremendamente mediático, y justo se estrena una nueva serie documental sobre su caso y un biopic en Sundance. Algo que no hace sino confirmar la fascinación morbosa que su figura ha ido teniendo a lo largo de tres décadas en Estados Unidos. Un país lleno de asesinos en serie entre los que tiene el perverso estatus casi de una estrella de rock.

El espectáculo que rodeaba a Bundy, tiene también que ver con que fue el primer juicio completamente televisado, la primera vez que Norteamérica vio el asesinato en la vida real como formato para el entretenimiento.

El momento fue tan significativo que llevó a la creación de una película sobre el caso, de esas típicas cintas de sobremesa que tendían a hacer una versión dramatizada de sucesos recientes.

‘Retrato de un Asesino’ (The Deliberate Stranger 1986) seguía la guía del libro del mismo nombre original. Se emitió en dos partes en la NBC en y se basaba, principalmente, en el juicio, obviando muchos elementos y hechos de la vida de Bundy, especialmente detalles escabrosos como que guardaba algunas de las cabezas cortadas de sus víctimas como trofeos. Sin embargo, la película era precisa y fiel a los hechos que narraba y Mark Harmon, una de esas caras conocidas en la televisión de los 80 y 90 incluso recibió una nominación a los Globos de Oro.

 

Eficiente y bien rodada, la película no conseguía el perfil completo de la absorbente figura del dandy asesino, especialmente porque hasta que no llegó una fecha más cercana a su ejecución, tres años más tarde, no admitiría alguno de sus crímenes. Durante los 90 el culto a los asesinos en serie se hizo tan popular como el estudio serio y profundo de los mismos.

En esa época surgieron varios documentales sobre su figura que hacían algo más de hincapié en la infancia difícil del criminal. La tensa relación con su padrastro y su timidez le convirtieron en un objetivo frecuente de acoso escolar. Más tarde, sin embargo, su inteligencia y habilidades sociales le permitieron disfrutar de una exitosa carrera universitaria en donde desarrolló una serie de relaciones emocionales aparentemente normales con las mujeres.

 

A pesar de una aparente estabilidad en su vida, atacó y mató a varias mujeres jóvenes en Washington, Oregón, Colorado, Utah y Florida entre 1974 y 1978. Aunque en última instancia confesó 28 asesinatos, algunos estimaron que fue responsable de cientos de muertes.

A pesar de la espantosa naturaleza de sus crímenes, Bundy se convirtió en una especie de celebridad, particularmente después de haber escapado de la custodia en Colorado en 1977. Su fuga duraría hasta el 12 de febrero de 1978 en Florida, donde había cometido las agresiones más salvajes de su etapa, especialmente en una casa de la hermandad de mujeres de la Universidad Estatal de Florida.

Allí mató a tres universitarias y violó y o lesionó gravemente a varias más, rompiéndose las mandíbulas, fracturando cráneos y causando lesiones permanentes. Antes de eso había matado y violado a una niña de 12 años. La crudeza de sus crímenes y una visión con más perspectiva se pudieron ver en los documentales de 1995 y 2000 ‘Ted Bundy: The Mind of a Killer’.

 

Durante su juicio, su encanto e inteligencia atrajeron una gran atención pública y explicaba bien la capacidad de seducción con la que conseguía atraer y acercarse a sus víctimas. En parte, por eso le resultaba más fácil atacar a mujeres jóvenes, pero también respondía a una fijación enfermiza y misógina puesto que la mayoría que se parecían a una chica que lo había rechazado hacía años. Estudiantes guapas, con el pelo largo y liso, separado con raya al medio.

Es esta etapa la que retrata uno de sus biopics más interesantes, Ted Bundy (2002), una película directa a vídeo con Michael Reilly Burke interpretándole. De nuevo, este film obviaba su etapa de “formación” y los abusos que sufrió y también hace un salto de la etapa del juicio, con lo que se complementa bien con la película para televisión de 1986.

 

En los 2000 surgieron otras adaptaciones de su vida focalizadas desde diferentes perspectivas. Por una parte, la más curiosa es ‘Un extraño a mi lado’ (The Stranger Beside Me, 2003), que se basa en el libro del mismo nombre escrito por Ann Rule en 1980 quien le conoció personalmente antes y después de su arresto.

Es una versión detallada, compleja y complicada de los eventos alrededor de Ted Bundy que sí que toca un poco de su pasado, incluida la posible conexión con la desaparición de una niña cuando Bundy solo tendría 14 años. A finales de la década aparecería ‘Ted Bundy: An american Icon’ (2008) una cinta de explotación sin interés, que se centra en representar los asesinatos como cualquier slasher en plena época del torture porn.

 

Finalmente, en el aniversario de su muerte se estrena la serie ‘Conversaciones con Asesinos: las cintas de Ted Bundy’ (Conversation with a Killer: The Ted Bundy Tapes, 2019) dirigida por el prestigioso director Joe Berlinguer, que ha tratado de examinar en profundidad los recovecos sobre su figura. Se incide mucho en cómo siempre se mostró reacio a hablar de los crímenes en algunas cintas de audio, en las que Bundy comenzó a abrirse—siempre en tercera persona— sobre su infancia y ex novias.

Aunque siempre mintió hasta el final, culpando a su adicción a la pornografía por alimentar las fantasías violentas que llevó a la realidad. Un detalle que le separa de otros psicópatas que acaban reivindicando sus crímenes casi con orgullo. Aún no hay consenso sobre si era un sociópata, si sufría el trastorno de identidad disociativo o si sencillamente era malvado.

Berlinguer es también el director de ‘Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile’, la película que complementa a su serie documental relatando una crónica de los crímenes de Bundy desde la perspectiva de su amiga Elizabeth Kloepfer, quien durante años se negó a creer la verdad sobre su amigo.