Voy a una cafetería, me pido un café y me siento con el portátil. Cada vez tengo más miedo a que me echen a patadas, los dueños de las cafeterías están muy enfadados con la gente que se apalanca tres horas con un portátil y un café de 1,20 euros. Pero hoy estoy en Nueva York, todavía tengo el chip español pero el café me ha costado 5 dólares, y todo el mundo a mi alrededor está con su portátil.

En la mesa de al lado una chica entabla una conversación por Skype. No es una conversación cualquiera, se trata de una entrevista de trabajo. Miro de reojo, en su pantalla se ve a una mujer, en su casa. La conversación dura una hora, la chica que está sentada a mi lado se defiende con uñas y dientes. No sé si todo lo que dice es verdad, sinceramente: con mi mentalidad española dudo de todo lo que dice, pero se expresa con mucha convicción.

Me alegro de poder ejercer de voyeur, estoy experimentando sus mismos miedos y dudas según avanza su entrevista de trabajo, con lo bueno que tiene que a mi realmente ni me va ni me viene. La chica no para de dar explicaciones sobre su alto nivel de responsabilidad y compromiso y cuando todo parece bastante clarito, pregunta por el sueldo y hace una pregunta detrás de otra: en qué consiste el seguro médico, qué tipo de incentivos tiene, bonus, pagas, derecho a parking, bonificación por dietas…

No tengo ni idea de si le dieron el trabajo. La conversación se zanja con que le informarán en muy pocos días. Cuando la chica corta la conexión con Skype me dan ganas de girarme, mirarle a los ojos y decirle: bien hecho. Creo que un español preferiría tirarse en paracaídas (sin paracaídas) sobre un lago co caimanes antes que hacer una entrevista de trabajo en una cafetería llena de personas. Tal vez somos más sutiles, pero igualmente surrealistas.

El espontáneo

No creo que muchas persona hayan tenido la suerte de ver esto: dos personas hablan, un tercero se les une en la conversación y les dice que todo eso que dicen está muy bien, que él es especialista y que busca trabajo. Yo lo vi hace poco, los dos tipos le miraron de arriba a abajo y le dijeron que no estaban buscando a nadie para esto y que se trataba de una conversación privada. El otro tipo se fue con las orejas gachas, y yo, que llevaba con la oreja puesta desde el principio sentí vergüenza ajena y un poco de penita.

Esto también ocurre en el mundo digital. Durante un tiempo un concejal de un ayuntamiento remoto, del que intento no acordarme, se equivocó dando su cuenta de correo particular, y dio la mía. Según parece nos llamamos igual. Así que llevo varios años recibiendo correos erróneos que van para él. Y sí, llevo varios años recibiendo ofertas de personas que buscan colocación en puestos cercanos al funcionariado, empresas dependientes de la administración municipal, etc.

A veces los leo, pues tardo en darme cuenta que no se están refiriendo realmente a mí. Recuerdo muy vivamente uno en el que alguien escribía a este concejal recordándole que hace unos años le dejó dinero, que nunca le pidió que se lo devolviera y que ahora la forma de agradecérselo es dándole trabajo a su hijo.

Linkedin, la red social del surrealismo laboral

Mientras que en Instagram todos parecemos felices con nuestro tiempo libre, en Linkedin lo que nos da la vida es el trabajo, por eso es una red laboral. Tener el currículum bien ordenado es como matizar el selfie, poner morritos y enseñar la manicura. Molo. Sin embargo, los métodos para hacerse notar y buscar trabajo a veces suenan desesperados.

Y hay una norma en esto de buscar trabajo: cuanto más parezca que lo necesitas, menos atractivo le parecerás al captador. Eso también es muy típico de España. No se suele tener la mentalidad de que si no tienes trabajo eres una oportunidad que aprovechar, sino que “algo malo habrás hecho para haber quedado libre”. Por eso le decisión de poner en Linkedin que estás sin trabajo es muy arriesgada.

Sin embargo, pelillos a la mar, una vez que se hace se actualiza con este puesto: búsqueda activa de empleo. Y cada cierto tiempo se cambia el estado, cambiando alguna fecha para que a todos los contactos les salga “felicita a fulanito por su nuevo puesto en búsqueda activa de empleo”. Surrealista.

La forma de conseguir “likes” (pensando en el mundo de Instagram) es añadir al máximo de amigos posibles, de conexiones, y escribirles un privado: “Me encanta tu trabajo, ¿tendrías uno para mi?”. De vez en cuando yo recibo algún mensaje de alguien que quiere medrar en alguna de las empresas con las que he colaborado anteriormente y me preguntan “¿podrías decirle a menganito que me conoces y que soy buen tipo?”. Linkedin debería admitir los GIFs, se me ocurren varios muy buenos para responder.