Olvida a Bergman o cineastas actuales como el director de 'The Square', el cine Sueco no trata solo de señores pensativos mirándose fijamente, silencios con los que reflexionar sobre la futilidad y la amargura.

Y es que, si ya resulta difícil encontrarse películas fuera del aparato publicitario que fagocita desde los grandes medios generalistas a las redes sociales, mucho menos probable es presenciar cintas como esta ‘The Unthinkable’, una producción sueca con medios y resultados visuales dignos de los grandes estrenos semanales que nos llegan desde la gran industria del entretenimiento del otro lado del Atlántico. Sin embargo, no solo no hay una cantidad de productores internacionales detrás, sino que ha surgido de un crowdfunding.

 

Partiendo de unos pírricos 2 millones de dólares, el proyecto fue creciendo en su fase de preproducción hasta convertirse en el mayor presupuesto cinematográfico logrado con microfinanciación colectiva en Suecia.

Un auténtico trabajo a gran escala que ha llevado a cabo el colectivo Crazy Pictures, una cooperativa formada por cinco amigos que colaboran desde que eran jóvenes, un colectivo que alcanzó el éxito con cortometrajes proyectados en festivales e internet que ha logrado dar el salto al largo a lo grande, de la mano del productor responsable de ‘Déjame Entrar’. El resultado fue un ambicioso híbrido de géneros que llegó hasta el Festival de Sitges para competir en Sección Oficial. Casi nada.

Y es que nadie diría que la película ha sido creada con tan pocos mimbres. Está llena de explosiones, choques y tiroteos que rivalizan con la impresionante intensidad de Michael Bay y es sorprendente el alcance de su ambición. Desde el drama familiar se va transformando en un thriller de paranoia tenso lleno de polvorines de acción dirigida a lo grande. La modesta cantidad de dinero con la que contaron Crazy Pictures luce como cualquier película de 100 millones de dólares.

Hay tantos accidentes automovilísticos que parece una película de acción de los años 70. La cantidad de coches destrozados es absurda pero, sin embargo, también es asombroso, porque están tan bien ejecutados y emplazados que resultan marcadores narrativos de su propia lógica de lo insólito.

Parte de esa efectividad es la inversión inicial en la explicación de los personajes y conflictos. ‘The Unthinkable’ se empapa en la historia íntima de sus protagonistas que cuando ocurren eventos extraordinarios como armas químicas y ataques a gran escala ya no importan las circunstancias de esos sucesos, cada personaje considera cada situación seriamente.

Desde las escenas de conversación minimalista a los momentos de puro caos, los cineastas abordan cada escena con sinceridad. Como resultado, el público acepta lo impensable debido a su presentación sin pretensiones de una situación preapocalíptica creíble.

Esto, además, permite que el discurso político y social vaya a la par con lo más personal. Como en la película ‘Amanecer Rojo’, la película adolescente más extraña de la Guerra Fría, se descubre que Suecia es blanco de ataques rusos. La madre de la protagonista trabaja para el gobierno, lo que nos brinda acceso a algunos antecedentes para el complot de guerra, siendo una especie de distopía bélica en la que el conflicto es prácticamente un macguffin.

Tenemos suficiente información para entender lo que pasa y por qué, pero no es importante para el corazón de la narrativa. No es una película de guerra tradicional, sino que el conflicto es solo el telón de fondo de la historia de una familia separada y reunida de nuevo.

 

‘The Unthinkable’ no se esconde en su posicionamiento, y podemos ver al mismísimo Putin en algunas imágenes de noticias, haciendo una conexión del escenario de la película como un supuesto no tan inverosímil, y con las probabilidades crecientes de que el país gobernado por el casi uberdictador acabe tomando acciones militares del mismo estilo.

Pero el tema general de la película, desde el prólogo hasta el final de sus más de dos horas—que pasan volando—, es la importancia de la comunicación, con detalles tan poco sutiles como el momento en el que un personaje se entera (a través de las noticias) de que la llamada telefónica que ignoró anteriormente fue casi seguramente de un familiar que intentaba decirle adiós consciente de que iba a morir.

Un subtexto sencillo, efectivo en medio de la matriz de emotividad a flor de piel que inunda la película y al mismo tiempo subversivo, dejando claro que en la era de la información las barreras son suficientes para que una pequeña rencilla se transforme en situaciones impensables.

El nivel íntimo se eleva hacia el político casi de forma involuntaria, con una devastadora mirada al futuro posible que funciona por su capacidad de reflejar las limitaciones humanas desde los niveles sociales más fundamentales, pareja, familia y amigos. Quizá abriendo los ojos y los oídos a lo que nos cuentan desde Estocolmo y no desde Los Ángeles, incluso nos pueda cambiar la perspectiva desde el mismo cine de entretenimiento.