Necesitamos nuevos héroes. Hubo una época en que los iconos masculinos de Hollywood estaban vinculados a los papeles y a la pose de actores como John Wayne, Steve McQueen o Marlon Brando. Incluso tuvimos a James Bond, Steven Seagal y Arnold Schwarzenegger. Pero los tiempos cambian, y estamos sin duda en uno de esos momentos bisagra.

Influenciados por movimientos sociales como el feminismo y el Me Too, también por las reivindicaciones de diversidad de minorías como las raciales o la LGTB+, estamos a la busca de nuevos símbolos de masculinidad en los que podamos reconocernos todos, o al menos aquellos que durante décadas no nos hemos sentido representados con el hombre como un ser viril, individualista e implacable ante los sentimientos. En ese sentido, las películas de Marvel, con sus héroes más empáticos, sensibles y dispuestos a la negociación han hecho mucho. Con sus personajes y además con sus estrellas.

Pero hay uno que esté llamando la atención de forma especial. Tom Holland. El actor británico, de 23 años, ha vuelto al foco mediático con el estreno de 'Spider-Man: Lejos de casa', secuela de la última revisión del superhéroe de Peter Parker, y ha vuelto a demostrar por qué es una estrella perfecta para el Hollywood moderno.

Tal vez recuerdes nuestro artículo sobre los 'twinks', o cómo el referente de chico joven y sensible se había puesto de moda otra vez entre iconos de masculinidad barbudos e hipermusculados (no podemos negar la influencia del porno en todo esto), y podríamos decir que Holland forma parte de esta corriente.

De hecho, es muy probable que si a tú o alguien de tu entorno sois fans de carpeta de Tom Holland os digan eso de que "no es un hombre de verdad", en parte por su aspecto juvenil, pero tras ello se encuentra un nuevo ataque a los tipos que no encajamos en el marcador de género. Capitán América contra Spider-Man.

Sus orígenes: 'Billy Elliot' sobre las tablas

Pero lo que hace que hoy nos interesa tanto Tom Holland como icono de nuevas masculinidades se remonta a su infancia. Porque el intérprete, que también es bailarín, sufrió 'bullying' en su colegio precisamente por eso. Es una historia muy antigua: a los matones no les importa tanto tu condición sexual (Tom Holland es heterosexual, pero probablemente en aquel momento ni lo sabía) como el hecho de que no te amoldes a lo que ellos entienden por un hombre.

Esto en realidad es machismo: lo que rechazan es aquello que hay en ti que consideran femenino, como, en este caso, el interés en el arte, en una disciplina que aún sigue estando considerada para mujeres. Pero Tom usó eso que le hizo especial, pero también diferente, y lo convirtió en su gran virtud y razón de éxito. En 2008, tras años de pasión por el ballet y varias audiciones, entró a formar parte del musical 'Billy Elliot', en Londres, inspirado en la película sobre un chico que vivió lo mismo que él.

Antes de su llegada a Marvel, Tom Holland participó en el superhit Lo imposible, la película de J. A. Bayona basada en la historia real de la familia española que vivió la tragedia del tsunami de Tailandia de 2004, pero su primer personaje mainstream ha sido sin duda Spider-Man.

En este sentido, el británico ha comenzado a participar en la maquinaria promocional de la productora, que va mucho más allá de las películas. Es posible que hayas visto, por ejemplo, sus imágenes en hospitales infantiles (algo por lo que pasan todos los actores de Marvel), pero tal vez lo que más nos gusta de Holland es la naturalidad que establece con sus colegas.

En concreto Jake Gyllenhaal. En ficción, Peter Parker desarrolla una bonita conexión con Tony Stark, Iron Man. En la realidad, lo ha hecho con el actor que da vida a Mysterio. Aseguran que lo suyo no es un 'bromance' (amistad masculina), sino un romance. En entrevistas, Holland se dirige a Gyllenhaal como su "marido".

Todo lo que podemos agradecerle a Tom

Vale, está claro que simplemente estamos ante bromas entre amigos, pero es sorprendente ver que dos hombres estrellas del nuevo Hollywood, que protagonizan películas con fuerte presencia en el imaginario popular, se demuestran cariño el uno al otro sin ningún tipo de vergüenza. En este aspecto, Tom Holland es también defensor de la causa LGTB+ (ha afirmado en alguna ocasión que es el momento de un superhéroe gay, en pleno debate sobre la representación de la diversidad), y huye de las constricciones de los géneros binarios, esas que dicen cómo tienen que comportarse los hombres y las mujeres.

Es probable que hayas visto a Holland bailando el 'Umbrella' de Rihanna vestido como una cabaretera, o las declaraciones en las que los periodistas le preguntan por su pareja ideal y no menciona si sería hombre y mujer, solo que busca a "alguien que sepa hacerle reír", renunciando a la heterosexualidad como orientación sexual por defecto.

Pero la conversión de Holland en un icono de nuevas masculinidades es además una llamada de atención para huir de la condescendencia. No olvidemos que muchas de las cosas que él hoy puede hacer por ser una estrella y hombre heterosexual blanco y privilegiado, como bailar ballet, vestirse de mujer o tratar de marido a un amigo, a muchos otros hombres les cuestan palizas y agresiones.

No obstante, es ilusionante ver cómo Hollywood va pasando página de los referentes masculinos anticuados y casposos, en una época clave para el feminismo y otros colectivos reivindicativos. Y haciéndolo a través de estrellas jóvenes, que resuenan entre generaciones también jóvenes que tienen el cambio en sus manos.

El nuevo Peter Parker ha puesto un pequeño grano de arena en esta lucha para que los tipos que no nos identificamos con Capitán América podamos hacerlo al menos con Tom Holland.

Eso, para muchos niños especiales, ya es un mundo.