¡OJO: SPOILERS!

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Por qué estamos en contra de que vuelva 'Por trece razones'

La segunda temporada de 'Por trece razones' era la más temida y a la vez esperada del año, y para las dos cosas hay motivos de sobra. La serie acierta en algunos apuntes sobre la violencia sexual en pleno Me Too, pero sobre otras cuestiones, como la amenaza de las armas, pasa como un elefante en una cacharrería. Hablemos de 'Por trece razones' (con muchos spoilers).

'Por trece razones'
'Por trece razones' | Netflix

VÍCTOR M. GONZÁLEZ | @VictorMGonz | Madrid | 06/06/2018

La muerte de Hannah Baker nos ha tenido más de un año de luto. Si 'Por trece razones' nos marcó tanto fue por su frontalidad y su ausencia de complacencias: una serie que no se corta a la hora de hablar a los adolescentes de tú a tú, en sus propios códigos narrativos, de temas que les tocan de cerca, el suicido, el 'bullying', la violencia sexual…

Sus creadores consideraron que su público tenía la inteligencia y la madurez necesarias para asimilar historias tan duras, para exprimir su propio aprendizaje y sus propias conclusiones. Algo así como lo que vivieron sus personajes, enfrentados al suicidio de una amiga y compañera que no solo les pone frente a la idea de su marcha, sino frente a su responsabilidad en el acoso escolar. La muerte de Hannah Baker fue demasiado dolorosa, demasiado precipitada, y por eso necesitábamos volver a ella.

Ese es el sentido principal que todos le encontramos a una segunda temporada de 'Por trece razones' (Netflix vio otro, estirar un fenómeno inesperado, claro), y aunque sospechábamos que era peligroso ir más allá de la novela de Jay Asher en que se inspira la serie, sus fans nos enfrentamos a ella con emoción.

Y lo cierto es que el equipo de Brian Yorkey, su adaptador, también halló una buena excusa para producirla, con dos cuestiones que marcan el contexto de actualidad en Estados Unidos: la lucha contra la violencia sexual y por el control de armas. En primera plana, el juicio contra la escuela de Hannah Baker, que sigue apareciendo en la mente de Clay Jensen (Katherine Langford y Dylan Minnette son todavía lo mejor de la serie), indagando en esa maraña de secretos y sentimientos sin confesar que parece no tener fin.

La violencia sexual en pleno #MeToo

Entonces, ¿era necesaria una entrega más de 'Por trece razones'? Si tenemos en cuenta lo oportuno que resulta una clausura emocional tras la muerte de Hannah Baker, sí. Si tenemos en cuenta que de nuevo habla de cuestiones importantes para su público adolescente, también. Si pensamos cómo las ha abordado, pensémoslo de nuevo.

La primera mitad de la temporada nos hizo creer que continuar esta historia no era ningún despropósito; el litigio contra Liberty High pone en evidencia la educación misógina y la cultura de la violación en el siglo XXI, con Jessica, superviviente de una violación a manos de Bryce, como protagonista. 'Por trece razones' hace hincapié en lo necesario de que las mujeres cuenten sus experiencias con la violencia sexual en pleno #MeToo, y anima a los hombres a tomar su papel en la batalla.

No obstante, la ficción traiciona este discurso encomiable en un atropellado capítulo final. Por un lado, le arrebata a Jessica la posibilidad de acusar a Bryce en el juicio, algo que hubiera sido muy inspirador para su público. Se incluye una emotiva escena en la que las protagonistas, jóvenes y maduras, hablan de los tipos de abuso, del micromachismo a la agresión, que puede sufrir una mujer a lo largo de su vida, pero no nos permite asistir al momento en que Jessica decide alzar la voz.

Por otro, los guionistas optan por añadir en los últimos minutos una brutal escena de violación, la que sufre Tyler, y que arruina la sensibilidad que han mostrado en otras ocasiones. Querían marcarse algo tan frontal como el suicidio de Baker, pero caen en el simple efectismo, no solo por lo cruel y explícito, sino porque ese personaje está apenas desarrollado.

La responsabilidad de los jóvenes

El relato de Tyler (David Druid), el alumno que se dedica a la fotografía y que también sufre acoso escolar, cobra importancia a lo largo de la temporada para introducir un tema actual y oportuno en la serie: la amenaza de las armas en los institutos de Norteamérica, unos meses después del ataque a Parkland.

Sin embargo, da la sensación de que no se trata con el cuidado necesario. Por un lado, porque la ficción, centrada en la trama legal, apenas le dedica tiempo. Por otro, porque es la problemática que centrará la tercera entrega, que damos por supuesta. El cierre temporal que se le da a esta línea narrativa deja mucho que desear, ya que además de superficial y precipitado, pone en manos de los jóvenes el solucionarlo. De hecho, en la última escena es Clay quien evita la masacre, y quien, según el 'cliffhanger' final, cargará con la culpa.

Ese es uno de los grandes problemas de ficciones adolescentes tan arriesgadas como esta (ya lo hablamos a partir de 'Skam'), difuminar la línea entre lo pedagógico, lo que puede inspirar al público, y lo realista, el hecho de poner sobre sus espaldas el peso de la reflexión. Los jóvenes son responsables del 'bullying' que provocan y permiten en sus compañeros, sí, pero no de un problema estructural como el control de armas en Estados Unidos.

,Por eso las tramas de Justin (dejó que su amigo violara a su novia) y Tony (casi mata a un homófobo de una paliza) también son peliagudas, ya que juegan con la idea de la redención después de la violencia. ¿Debemos animar a los adolescentes a relativizar términos tan absolutos? Tal ver 'Por trece razones' ya ha contado todo lo necesario y responsable, y como Clay a Hannah, debemos dejarla marchar.

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