Lo que convirtió a Pixar en la gran productora que hoy es no tiene nada que ver con la tecnología. Innovó en su uso del 3D y en el cuidado artístico y de sus animaciones, pero lo que realmente hizo único a Pixar fue elegir muy bien los proyectos en los que se embarcaba y conseguir llevarlos a cabo con la máxima empatía. Sí, la palabra clave es “empatía”.

Hacerte echar una lágrima al final de la peli era el objetivo de Pixar, que amaras a sus personajes, que te parecieran de carne y hueso, y que la animación estuviera al servicio de la historia consiguiendo que desearas que esos personajes existieran de verdad. La increíble historia de amor de UP!, la búsqueda de vida de Wall-E, la emocionante amistad de los juguetes de Toy Story y la familia de ultratumba de Coco. Estos personajes son ya de tu familia, porque generan empatía.

Sin embargo, las pelis de Pixar no pasaban el test de Bechtel. Lamentablemente, los personajes femeninos han sido siempre meros acompañantes de los protagonistas masculinos. Casualidad o no, es una tónica que se ha repetido a lo largo de las décadas de esta joven productora. En los “Increíbles” la madre cada vez es más poderosa, pero sigue siendo “la madre”. En “Rompe Ralph, Rompe Internet” la niña comparte protagonismo, pero Ralph sigue siendo la estrella. Y aunque nos guste mucho, en Coco los que parten el bacalao son hombres.

En Zootrópolis la protagonista es una conejita linda que quiere triunfar como policía y pone patas arriba una trama corrupta para hacerse respetar. Pero lo siento, Zootrópolis no es de Pixar, es de Walt Disney Studios.

Consciente o no de esta situación, Pixar lanza un cortometraje para denunciar lo difícil que aun lo tiene la mujer en un ambiente laboral, y el techo de cristal contra el que se topan cuando esperan prosperar en un mundo que todavía está liderado y enfocado a la testosterona del macho alfa.

 

Un ovillo de lana para representar a la mujer en un mundo de hombres

Purl es una palabra inglesa que no existe en español, y que define cuando tienes un jersey de lana y se te sale un punto, se te vuelve del revés, y dejas de tener un tejido uniforme y acabas teniendo un punto que te sobra y que te molesta.

“Purl” es un cortometraje al estilo Pixar, en el que empatizas con el protagonista desde el minuto uno. Ella es una madeja de lana rosa, que trata de abrirse paso en una oficina, siendo ninguneada por machotes y donde su educación y valores no le sirven de nada frente a la ley del más fuerte.

El corto ejemplifica que solo cuando la madeja de lana deja de ser ella misma, y se suma al carro de los hombres, convirtiéndose en uno de ellos y cediendo su carácter a una nueva versión de ella: más agresiva y egoísta, es entonces cuando consigue prosperar. Pero entonces todo cambia cuando una nueva madeja llega a la oficina: femenina, atenta y respetuosa. La protagonista se sitúa frente al dilema de seguir comportándose con cinismo (como un hombre) o romper con eso y cambiar las cosas.

Una moraleja traicionera

Este corto se produce para conmemorar el próximo Día de la Mujer Trabajadora, y se ofrece de forma gratuita en Internet. De hecho “Purl” es el primero corto que produce SparkShorts, que es una división de Pixar destinada a descubrir talento. Su creadora, Kristen Lester, es una mujer que ha tratado de contar sus propias experiencias en el mundo de la empresa.

Esta historia de Pixar tiene un problema: da por sentado que la competitividad y la agresividad es algo únicamente masculino, y que un comportamiento más “respetuoso” está reservado únicamente a las mujeres. Esto es en sí mismo una trampa, o como poco un estereotipo. Pero bueno, ellos sabrán, son Pixar ¿no?