Un día cualquiera, a media mañana, el club de Boxeo El Rayo está en plena actividad. La puerta que comunica el gimnasio con el pasillo del estadio Vallecano, en Madrid, es como un pasadizo abierto entre lo contemporáneo y lo que algún día fue.

Manolo del Río es una celebridad indiscutible de esta disciplina, se acerca despacio, analizando la situación. Alguien la acaba de avisar que hemos llegado. Le digo que busco a Pedro y me contesta que estará por llegar.

El hombre intimida aún sin saber que entrenó a los mejores boxeadores del país, pese a su delgadez y a sus 87 años.

Vuelve a su trabajo de entrenador y también nos dice que podemos pasar. Lo hacemos a medias, disimuladamente, nos quedamos en la recepción, con los recortes amarillentos de periódicos enmarcados. Antiguas glorias del boxeo que acaparaban portadas con sus trofeos y medallas.

La segunda disciplina más practicada en África, después del fútbol, es el boxeo. En el 2011, llegó desde Vallecas un joven que acababa de terminar la carrera.

Boxeaba desde los 14 años, se había criado en el gimnasio donde entrena Manolo pero pasaba un poco de eso, no ostentaba los títulos de campeón que cuelga hoy.

Se dejó llevar por la ilusión y el descubrimiento y cuando tuvo que regresar a España supo que volvería a Ghana.

Pedro Gil Herranz podría usar la frase de Hemingway (con cambios imperceptibles) y que nadie se diera cuenta.

“Los niños africanos sonríen siempre, pero no es de felicidad”. Fue entonces cuando creó ASCENDE una ONG que busca a través del boxeo y la capoeira potenciar las habilidades innatas de cientos de jóvenes africanos.

En estos ocho años ha encontrado la manera de unir a decenas de niños que mantienen su premisa: disciplina, objetivos y estudio. Otorgan una línea de becas educativas, financiada a través de familiares y amigos con cuotas mensuales de 5 euros, para que los chavales cuenten con un dinero extra.

Un dinero que se gasta rápido, porque el niño que no tiene que comprar comida, tiene que adquirir libros o aportar a la economía familiar. África es el continente con más natalidad del mundo, cada mujer tiene un promedio de seis hijos, ayudar en casa con dinero es algo esencial.

Con la enseñanza de la capoeira y el boxeo logran aliviar el estrés infantil ocasionado por la situación económica y social en la que viven. La formación los prepara física, mental y emocionalmente para el día a día y para cambiar sus planes de futuro.

Pedro se ha puesto como meta construir un centro juvenil en el pueblo de Adidome para que los niños cuenten con un espacio donde reunirse, estudiar y descubrir nuevos intereses.

La falta de estímulos y de oportunidades en las que viven estos jóvenes lo animó a querer terminar el centro para el 2020.

Cualquier cosa fuera de la familia, la iglesia, la escuela y el fútbol que esos niños quieran aprender deben buscarla fuera de su comunidad. Algo imposible por la falta de recursos económicos y por su edad.

Una vez al año, Pedro suele viajar a Ghana. Deja por unos días el club de boxeo que dirige junto con su padre y parte. A veces lo hace solo, otras con amigos que ofician de voluntarios y profesores.

La próxima vez que pise África será en diciembre con la intención de “hacer un lugar donde los jóvenes estén contentos de vivir allí”.