¿Es posible permanecer completamente al margen de Juego de Tronos, Breaking Bad, The Handmaid’s Tale, Black Mirror…? Porque, lo habitual en los corrillos es alegar falta de tiempo por no haber visto tal serie, ahora no hay nada más anti-intelectual que decir que desprecias soberanamente cualquier serie.

Entrevistamos a Alfredo (36), Mireya (43) y María (21), que se confiesan vírgenes en este campo.

“Sinceramente, no me quiero ver atrapado por algo que me va a llevar meses o años, para acabar dándome cuenta de que no es más que una película larga. Si existen películas de 90 minutos, maravillosas, no necesito algo que dura 4.200 minutos, eso es un absoluto desperdicio de mi tiempo”, Alfredo toma como ejemplo cualquier serie exitosa de 50 minutos x 12 capítulos x 7 temporadas.

Mireya nació en Barcelona, ha estudiado tres carreras y ahora trabaja en París. “Supongo que es un prejuicio que tengo, pero me agota cuando algo es recomendado por todo el mundo y me veo obligada a estar a la moda de la serie de turno. Al principio vi algunas, y si eres un poco crítica con lo que ves te das cuenta de que todas empiezan enseñándote un caramelo al principio del capítulo, luego no pasa nada del otro mundo durante 40 minutos, y terminan anunciándote el siguiente caramelo para que veas otro capítulo: las series me parecen un invento para tontos que siguen la zanahoria”, afirma Mireya.

Sin embargo, las series comparten con los libros el estar divididas en capítulos, desarrollan unas tramas y unos personajes de forma aún más compleja que cualquier película, y por tanto, si alguien que se considera “amante de la buena literatura”, ¿por qué no darle una oportunidad?

“Yo leo más de nueve libros al año, y son casi todos de un volumen considerable, ahora estoy con una biografía de Beethoven de 1.500 páginas (“Angustia y Triunfo”, de Jan Swafford), pero puedo escoger dónde leer, página a página, en ratos libres, en el metro… Se podría hacer lo mismo con una serie en el móvil, pero me parece absurdo estar viendo una serie a trocitos… ¡Vaya mareo!”, replica Alfredo.

La generación Z ha nacido en pleno boom de las series. María, a sus 21 años, reconoce que jamás ha visto más allá de unos minutos. No se ha enganchado a ninguna serie. “Si es para pasar un rato, prefiero YouTube, y ver cualquier cosa, algo más real. Las series de la tele no me interesan nada y las de Netflix y todo eso cuestan dinero, prefiero gastarlo tomando algo con amigos, no encerrada yo sola”, comenta María.