#DíaMundialdelMedioAmbiente

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Hablamos con Madres por el Clima: "Queremos que los colegios se involucren en la lucha contra el cambio climático"

Las iniciativas con motivo del Día Mundial del Medioambiente que se celebra este 5 de junio se han sucedido a lo largo de las últimas semanas: propuestas de boicot al uso de plásticos, llamadas de atención sobre nuestra huella hídrica y la forma actual de consumir y transportarse, mensajes a favor del reciclaje y un largo etcétera de acciones para intentar que cale el mensaje más repetido por los grupos ecologistas: no existe un planeta B.

Madres por el Clima
Madres por el Clima | Madres por el Clima
Dani Cabezas
  Madrid | 04/06/2019

En medio de todo ese maremágnum de ideas, son muchos los pequeños grupos que hacen hincapié en que el cambio empieza en nosotros mismos. En la cotidianidad y esas pequeñas rutinas que tenemos instaladas en el día a día que han de ser revisadas, de cara a que las generaciones que vienen se encuentren un planeta habitable.

Entre esos grupos destaca Madres por el Clima, colectivo que se autodefine como “un grupo de madres (y padres, abuelas, abuelos…) preocupadas por el planeta que les vamos a dejar a nuestros hijos e hijas. Esta preocupación nos ha hecho juntarnos y empezar a movilizarnos, para exigir a gobiernos e instituciones internacionales que actúen de manera valiente y urgente contra el cambio climático”, explican a Tribus Ocultas.

Constituidas el pasado mes de marzo en Madrid con el impulso de los llamados Friday For Future (FFF), el germen de Madres por el Clima se gestó en un grupo de WhatsApp centrado en la crianza.

“Hablábamos frecuentemente sobre el impacto del cambio climático en nuestras vidas y la de nuestros hijos: sobre su salud, sobre la contaminación que supuestamente tenemos que asumir como normal por vivir en una ciudad, sobre lo caro y poco accesible que es comer sano, sobre cómo nos podemos mover con niños pequeños sin contaminar… Mientras esto pasaba, la juventud se organizó y salió a las calles, lo que nos hizo plantearnos que había que hacer algo más”.

Apoyar aquellas movilizaciones estudiantiles fue el primer paso. “A partir de ahí la cosa fue creciendo y se hizo viral: el WhatsApp se quedó pequeño”, cuentan. Hoy, Madres por el Clima cuenta con más de 15 grupos regionales repartidos por toda España.

Sus demandas son claras: “Queremos que las comunidades educativas se involucren en la lucha contra el cambio climático. Queremos, a medio plazo, ampliar las movilizaciones de la juventud por el clima en España, y que mucha más gente se sienta interpelada por esta urgencia climática. Queremos unirnos a otros movimientos y ayudarnos mutuamente a crecer. Queremos, a largo plazo, parar las peores consecuencias del cambio climático y que existan medidas para adaptarnos de la mejor manera posible a los cambios extremos que no vamos a poder parar. Y queremos que estos cambios se hagan, además, de una forma justa con toda la población y estén basados en un sistema de reparto equitativo de la riqueza. Todo, con una perspectiva feminista”.

Este último punto es especialmente relevante. “Ser madres supone, en esta sociedad, ser protagonistas de los cuidados”, reflexionan. “Para bien y para mal somos las responsables de cuidar en la familia, pero también en la sociedad. Es por tanto normal que también estemos preocupadas por cuidar el medioambiente y nuestro planeta. Pero también lo hacemos desde una postura crítica con el sistema en el que vivimos, injusto con el planeta, con gran parte de la población que vive en él, con las mujeres, con los niños... Creemos que el ecofeminismo es la mejor vía para conseguir parar el cambio climático y construir un mundo más justo para todas y todos”, sostienen.

De cara al futuro, y pese al empuje y la relevancia que está cobrando el movimiento, desde Madres por el Clima no se muestra especialmente optimistas. “Actualmente vemos pocas o ninguna medida suficientemente valiente enfocada a parar el cambio climático”, lamentan. “El tema sigue estando fuera de la agenda política, y la transformación económica y social que necesitamos requiere de un compromiso que no vemos en nuestra sociedad actual”.

Sólo hay un aspecto que les hace ver el futuro con esperanza. “Cada vez somos más gente implicada. En España somos un movimiento pequeño: se nota que la educación medioambiental llegó mucho más tarde aquí que a otros países europeos. Estamos menos concienciados. Aun así, creemos en las generaciones que llegan, en nuestros hijos, y en su capacidad de cambiar el mundo”.

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