Recuerdo que cuando mi amiga, quien ha preferido permanecerse en el anonimato, empezó a contarme todas estas cosas, un grupo de amigos, mayoritariamente hombres, hicieron un silencioso corrillo alrededor de ella. Un silencio que sólo se rompía gracias o por culpa de alguna que otra pregunta, a cada cuál más morbosa, con la que saciábamos nuestra curiosidad como quien sacia su hambre después de un par de días sin comer.

A estas alturas, la palabra 'porno' todavía provoca un misterioso y espectacular impacto en los hombres. Como dice un amigo mío: “somos hijos del porno”. Somos como los monos alrededor del monolito de “2001” de Kubrick, evidentemente el monolito es el porno. Quizá me he pasado un poco con el ejemplo, pero es necesario el sentido del humor para poder hablar de estas cosas en estos términos.

Mi amiga estudió maquillaje y caracterización, acumula más de 10 años de experiencia profesional y está especializada en maquillaje de efectos especiales. Es decir, que aparte de maquillar y caracterizar es una experta elaborando heridas, cicatrices, sangre, prótesis y todos esos efectos tan necesarios en el cine, y sobre todo, en el cine fantástico y de terror, del que es fan absoluta. Pero como estos no son géneros mayoritarios en España con lo que verdaderamente paga el alquiler y las facturas es con el ‘maquillaje social’, es decir, maquillaje de eventos, y más desde el boom de Instagram.

Empezó en el porno al acabar sus estudios de maquillaje y caracterización. Unos compañeros de audiovisual les comentaron la idea, y como querían rodar a cualquier precio, se involucraron en varios rodajes. Al principio le chocaba, sobre todo los tríos, pero a medida que hacía películas todo se fue normalizando de manera muy natural. El director de fotografía iluminaba, el cámara grababa y ella maquillaba. Aunque en el porno, más que maquillar, ella habla de caracterización, sobre todo a las chicas.

Directoras como Erika Lust y su cine porno para mujeres y la activista Diana J. Torres y su ‘porno-terrorismo’, entre otras, están transformando la situación de la mujer en el cine para adultos. Pero, y volviendo al final del párrafo anterior, a ella por el contrario le pedían crear Barbies. Chicas híper-maquilladas, remasterizadas y digitalizadas.

Una sesión de photoshop en directo cuyo resultado con chicas de mentira sin ningún defecto y re-convertidas en fantasías sexuales masculinas. Sin embargo, ellos rara vez eran sometidos a esas intensas sesiones de caracterización, como mucho, un poco más de six pack, pero poco más. La misión de ellos básicamente era estar erectos siempre y cuando se lo ordenase el director.

Y hablando de miembros erectos, me confiesa que cada vez que saca este tema los hombres le preguntamos con una descomunal curiosidad si suele maquillar penes, ella responde con una contundente frase: “es un pene, entra y sale de la vagina, maquillar aquí sería absurdo”. Los primeros planos estaban más vinculados al maquillaje facial femenino que al fálico, sobre todo al diseño de labios voluminosos y funcionales.

Me cuenta una anécdota relacionada con el tema. Una vez estaba maquillando a una chica para una secuencia y en cuanto mi amiga se descuidó, con las cámaras apagadas, la chica le estaba practicando una felación a uno de los chicos, ya que parece ser que el sexo con las cámaras apagadas es algo habitual, a lo que mi amiga le dijo: “gracias por tirar mi trabajo a la basura”. Un hándicap extra es que nunca se corta para retocar, el maquillaje va desintegrándose a medida que se desarrolla la felación o se va directamente a la porra cuando llega el momento de la eyaculación facial.

Otro maquillaje habitual es tapar tatuajes. Una vez una chica le pidió que le ocultase unos tatuajes y le suministrase unas gafas de sol y una peluca, ya que no quería que su novio la reconociera. El repertorio de curiosidades nunca acaba. Ha maquillado heridas de bala e incluso a un ahorcado. Le sorprendió lo inesperadamente trabajados que estaban algunos de los guiones.

El artículo me da para varias secuelas, pero tengo que acabar en algún momento. Le pregunto por qué lo dejó, y me dice que no quería hacer porno porque empezó a ver cosas que no le agradaban. Era un ambiente a veces demasiado sórdido en el que los hombres sacaban al ‘machirulo’ que llevaban dentro y se daban palmaditas en la espalda tras una secuencia mientras a ellas prácticamente nadie les hacía ni caso. Más allá de todos los ingredientes machistas, no le gustaba un pelo la cantidad de drogas que había por metro cuadrado. También le pregunto si hay algo que eche de menos de aquella época y me dice que las gigantescas pestañas postizas y los exorbitantes maquillajes a lo RuPaul, diversión en estado puro para cualquier profesional del maquillaje.

Le pido por favor que me regale una anécdota a modo de epílogo. Me cuenta que una vez, tras 12 horas de rodaje, el actor no conseguía eyacular, y la actriz le pidió a ella y a varios miembros del equipo que por favor le escupieran en la cara para que el director pudiera tener su ansiado primer plano final y pudieran por fin irse a casa.