Series generacionales como 'Friends' o 'The Office', 'Los Simpson' o 'Cómo conocí a vuestra madre', no solo siguen formando parte de los títulos más vistos de las plataformas online. También son los más caros, con acuerdos de derechos de emisión que alcanzan cientos de millones de dólares.

¿Cuántas veces has visto la escena de "¡Mis ojos, mis ojos!" de 'Friends'? ¿Y el capítulo de Encías sangrantes de 'Los Simpson'? ¿A que has devorado 'The Office' en más de una ocasión? ¿Qué hay de 'The Big Bang Theory', que se despidió para siempre hace solo unos meses? ¿Y la generacional 'Cómo conocí a vuestra madre'?

Hay series que son más que series. Son relatos de vida, tanto la de sus personajes como la nuestra, porque nos han acompañado en los buenos momentos y también en los malos. Las vemos en casa, de vacaciones, en el metro… En épocas de felicidad y en las deprimentes. Trascienden las barreras del tiempo, del éxito, de las modas. Son series eternas. Y las cadenas lo saben. La nostalgia es un fenómeno imprescindible hoy en día. Y además un negocio.

Hasta ahora no te hemos contado nada que no sepas, pero los eventos de los últimos meses nos han dejado clara la habilidad de este tipo de series para seguir generando dinero (y acuerdos problemáticos) décadas después de su emisión original, y también para espolear esa nostalgia cultural que algunos critican tanto.

Hace no tanto descubrimos no solo que 'Friends' y 'The Office' son las series más vistas de las plataformas online que las tienen en su catálogo; además son más caras que las modernas, porque debido a la demanda, sus derechos de emisión y distribución se cotizan a precio de oro. Y las guerras por ellos son sonadas. Cuando una de estas compañías es capaz de pagar 100 millones de dólares, como se ha hecho por Friends, es que el negocio está ahí.

La razón de vivir en el pasado

Pero, ¿cómo es posible que los derechos de una serie de hace 20 años cuesten más que una sola temporada de una serie cualquiera, o tanto como una de, por ejemplo, Juego de Tronos? Digamos que la respuesta la tienes al alcance de la mano. ¿A que siempre que pillas un episodio de Friends por la tele te quedas a verlo? ¿A que te lo llevas en tu móvil o tablet para verlo en el gimnasio? ¿A que te pones un capítulo divertido cuando estás depre?

Series como las que señalábamos antes son ejemplos perfectos de la televisión feel good. En otras palabras, nos hacen felices. No solo por las historias que cuentan, por ser comedias buenrolleras e ingeniosas (y más en un tiempo caótico en lo político y en lo social como este); también porque nos recuerdan a nuestro propio pasado.

Así es. La nostalgia se basa en algo muy sencillo. La razón de que quieras vivir en el pasado es que te asusta el presente. Lo decimos tanto por la actualidad que puedes ver en los informativos (que si los líderes políticos locos, que si el auge de ideologías más que cuestionables que quedaron atrás hace mucho, que si el terrorismo, que si el cambio climático) como por todos esos estímulos que te rodean en lo tecnológico y en lo cultural.

Y en lo televisivo, por supuesto. Hoy en día se producen y se estrenan tantas series temporada a temporada, semana a semana, que es imposible mantener esa sensación que sí experimentábamos antes de ver poder ver todos los títulos buenos que llegan a nosotros. Pero ahora el escenario es inabarcable. Y ante la presión de decidir, vamos a lo seguro.

Series eternas para todos los públicos

Pero la razón de este boom de series viejunas como 'Friends' o 'The Office' no radica solo en lo emocional, también en lo comercial, en lo industrial. Si haces un poco de memoria, recordarás que hace diez o quince años, con la explosión de las cadenas de cable, pensábamos que todas las series mantendrían el nivel de producciones como 'Los Soprano' o 'The Wire'.

Pero lo cierto es que, con la llegada de las plataformas online, la producción se ha decantado por un tipo de series más afines a las cadenas en abierto. Muy populares y accesibles. Porque estas compañías no buscan audiencias muy concretas, como los canales de abonados, sino que apuesta por todos los públicos. Ahí juegan un papel importantísimo estas ficciones eternas capaz de arrasar en espectadores sea cuando sea.

Pero, ¿esto es bueno o es malo? Depende del punto de vista que utilicemos. No hay nada malo en volver una y otra vez a series que nos han hecho sentir bien en ciertos momentos de nuestra vida, con cuyos personajes nos sentimos a gusto. Pero debemos aprender a cuestionar la nostalgia. Que nos acomodemos en esas historias no quiere decir que el pasado sea mejor, ni el que narra la serie ni el que vivimos nosotros años atrás.

Recuerda, por ejemplo, las críticas a la homofobia, racismo y machismo que sufrió (con algo de razón), la generacional 'Friends'. Y tampoco es positivo que estas nuevas plataformas de contenido se refugien en viejas glorias y se nieguen a explorar otros riesgos artísticos y creativos. 'Friends' siempre estará ahí. Pero, ¿qué hay de encontrar la nueva 'Friends'?