el mandato del silencio

el mandato del silencio

Estoy a favor de ampliar la violencia de género a feminicidio

Este lunes 17 de diciembre de 2018, me he enterado de que Laura Luelmo ha aparecido muerta, que me seguía en Twitter y que retuiteó un tuit mío que escribí el 14/1/2015 que decía así: “Te enseñan a no ir solo por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo, ESE es el problema”.

Doscientas personas se concentran en silencio por Laura Luelmo
Doscientas personas se concentran en silencio por Laura Luelmo | EFE

CRISTINA ALONSO | @chiclett4u | Madrid | 18/12/2018

Cada día tengo más claro que la revolución será no callarnos (nosotras que ellos deberían) o no será y que lo que nos une a todas las mujeres no es el gusto por el animal print aka leopardo, es que compartimos el mandato de género. La hostilidad hacia la mujer que habla, o sabe, y la des-confianza de su palabra se nos dice, se nos enseña y se nos recuerda constantemente, día tras día, desde que nacemos, diría yo.

El sistema patriarcal hace efectivos los mandatos mediante la cultura. El mandato del silencio es uno de los más fuertes porque la palabra es poder. Veamos algunos ejemplos:

La mujer callada de todos es alabada. Me gusta cuando callas. Calladita estás más guapa. Mujer que sabe latín ni tiene marido ni tiene buen fin, Homero, Odisea (s.VIII a.C) Telémaco a Penólope: “Madre, marcha a tus aposentos y cuídate de tu trabajo, el telar y la rueca. La palabra debe ser cosa de hombres, de todos, y sobre todo de mí, de quien es el poder en este palacio”.

San Pablo (I Epístola a los corintios, 57 d.C) las mujeres en la iglesia callen, pues no les es permitido hablar; antes muestren sujeción, que si algo desean aprender, pregunten en casa a sus maridos”.

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) “¿Que es estúpida? Bah! mientras callando”. Pilar Primo de Rivera (1907-1991) “Todos los días deberíamos de dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si la tuviéramos, quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas”, 2005 Cómo ser parisina estés donde estés “ esas chicas que hablan tanto que nadie tiene unas preguntas que hacerles”.

¿Por qué este empeño a que callemos, a relegarnos al ámbito privado (casa)? ¿Qué decimos las mujeres? Pues mucha protesta y mucha crítica al sistema patriarcal a la vez que damos una visión alternativa por eso nos han excluido. Nos han invisibilizado y así nos han negado el reconocimiento y sin reconocimiento no tenemos autoridad y sin autoridad no tenemos valor ni respeto. Jugada maestra, las cosas como son.

¿No es perverso que recaiga en nosotras el decir “NO” cuando nuestra palabra no vale nada?, ¿No es perverso que seamos nosotras quienes tenemos fama de cotorras cuando los datos muestran que en las películas y los medios de comunicación los hombres nos triplican en tiempo hablado?

¿No es perverso hacer creer que ya hay igualdad y que entonces de qué nos quejamos si estamos mejor que nunca cuando no existe ni una sola área con reconocimiento&valor social&cultural que tenga la más mínima paridad?

De lo más perverso y sibilino diría yo, el poder patriarcal es perverso y muy refinado en su perversión. Se nos ha excluido incluso del humor alegando al mítico “ellas no tienen humor”. En la maravillosa y recomendadísima serie Mrs Masiel en el 2x2 Miriam, la protagonista, se marca este monólogo.

Las mujeres no hacen gracia solo los hombres la hacen. Pensad esto, la comedia se alimenta de la opresión, de la falta de poder, de la tristeza y la decepción, del abandono y de la humillación, ¿acaso no describe todo eso a una mujer? con estas premisas solo las mujeres deberían hacer humor.

Y en el 2x10 cuando otro cómico se queja de lo cansado que está de hacer humor y que lo … ella suelta: “Oigo a los hombres quejarse de lo cansado que es hacer lo mismo una y otra vez sin conseguir nada y solo puedo pensar que oye, por lo menos lo hacen sin llevar tacones”.

Ningún cambio se da sin haberse anhelado, soñado y deseado antes. Si hacemos creer a las ni-ñas y a los niños que las mujeres no hablan aka que no tienen poder estamos alimentando un sistema, patriarcal, en donde los hombres matan a las mujeres por ser mujer y ellos hombres.

Este lunes 17 de diciembre de 2018, me he enterado que Laura Luelmo ha aparecido muerta, que me seguía en Twitter y que retuiteó un tuit mío que escribí el 14/1/2015 que decía así: “Te enseñan a no ir solo por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo, ESE es el problema”.

Hoy, casi cuatro años después y siendo experta en género y violencias además de especialista en gestión cultural desde una perspectiva de género, sé que lo que no se nombra no existe o peor, se nombra mal y así es imposible de erradicar. Por eso cambiaría monstruos por hombres y no por-que crea, que obviamente no, que los hombres sean monstruos sino porque sé que es por la educación&socialización&cultura que la violencia de género pasa.

Me da mucho asco que se utilice la muerte de una mujer para pedir la prisión permanente revisable, que se ponga el foco en el castigo en vez de en la prevención. Estoy en contra de la prisión permanente revisable porque no son casos aislados de unos locos/monstruos, degenerados, estoy a favor de una ley de igualdad y de una ley contra la violencia de género.

Estoy a favor de ampliar el rango de pareja o ex pareja hombre como sujeto que realiza la violencia de género y estoy en contra que se vuelva a llamar violencia intrafamiliar a la violencia de género porque el ámbito familiar está visto que es irrelevante y así tanto Toñi, Miriam, Desiree, Luz, Marta, Diana y Laura (y muchas otras) entrarían dentro de las cifras de violencia de género.

Estoy a favor de ampliar la violencia de género a feminicidio como dice Marcela Lagarde y estoy a favor de la coeducación para dar visibilidad y reconocimiento a las mujeres para que nunca más tengamos que estar atravesadas por violencias múltiples con el respaldo del sistema. Estoy a favor de vivir en un sistema que me deje en paz, siendo y haciendo, la mujer que me gusta ser.

Dejadnos vivir en paz, hostia.

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