Y te lo vamos a contar

Y te lo vamos a contar

Esto es lo que le echamos en cara a nuestros padres cuando acudimos a un psicólogo

Me gustaría asistir a una sesión de psicoterapia de Soon-Yi Previn, la esposa de Woody Allen que antes de estar casada con él fue su propia hija (adoptiva). Seguro que en esas conversaciones bajo el secreto psicólogo-paciente se esconde el secreto de aquello que todos los podemos recriminar a nuestros padres, pero llevado a la enésima potencia.

Durmiendo en el sofá
Durmiendo en el sofá | Pexels
DAVID NAVARRO
 |  Madrid | 23/05/2019

Es pensar en psicólogos y en los traumas que achacamos a nuestros padres y pensar en Woody Allen. No solo porque él siempre ha echado mano de la psicoterapia para ambientar los desajustes de sus personajes de Park Avenue, sino por el hecho de que su propia vida como padre parece sacada de una ficción: casado con su hija adoptiva.

Me encantaría ver una sesión de psicoterapia de Soon-Yi Previn hablando sobre su infancia, cómo era Allen como padre y como lo es ahora con los hijos que ahora tienen en común. Con eso se podría escribir un tratado de psicología.

Sin entrar a juzgar a Woody Allen, lo cierto es que por muy buenos que sean nuestros padres con nosotros siempre tendremos algo que afeares. Son dioses todopoderosos cuando somos pequeños y según crecemos nos damos cuenta de sus miserias, e incluso llegamos a la conclusión de que tal vez estuvieron muy lejos de ser buenos padres.

Por este motivo, contacto con un psicólogo, para preguntarle qué es lo peor que le podemos echar en cara a nuestros padres si echamos la vista atrás.

“En principio la terapia con un paciente se extiende en toda su vida, no es común que nos centramos sólo en la relación con los padres, sin embargo es verdad que cuando surge la figura materna o paterna es muy habitual encontrar reproches y malos hábitos que nos hacen pensar que ellos no supieron hacerlo bien”, explica Mauricio León, psicólogo que mantiene una consulta privada en Madrid.

Vamos a empezar por el principio ¿porque viene la gente a verte, qué problemas suelen preocupar a tus pacientes?

Bueno, para iniciar una psicoterapia no hace falta tener un problema concreto que solucionar, sino la sensación de que podrías vivir con una mayor calidad de vida en cuanto a lo emocional, y tal vez la percepción de que necesitas hacerte entender mejor, o solucionar tu forma de relacionarte con el mundo. Esto quiere decir que pueden existir hábitos, conductas o situaciones que no te satisfacen, y desde la psicología podemos analizarlas, comprenderlas y mejorarlas.

Entonces, cuando alguien viene a verte ¿habla mal de sus padres como en las películas? ¿Hay algún patrón común en nuestros padres que les hace culpables de todo a nuestros ojos?

Sinceramente, la mayoría de las veces que achacamos a nuestros padres una inoperancia, no nos damos cuenta de lo difícil que es la paternidad y la maternidad. El perfil cambia mucho a la hora de referirse a los padres y a cómo se comportaron con nosotros entre personas que no tienen hijos y los que sí los tienen.

Cuando eres padre es como si todo encajara. No siempre, claro está, muchas veces los padres no han sabido estar a la altura y han fracasado en cuestiones clave, pero por lo general les pedimos demasiado, y los reproches no son demasiado razonables, pero yo no estoy aquí para juzgar, sino para darle al paciente las herramientas para entender sus emociones y digerir sus experiencias.

Entonces ¿lo de echar la culpa a los padres de nuestros problemas de adultos es una forma de escurrir el bulto?

Cuando realizas una terapia a un solo individuo, nunca sabes qué hay al otro lado, solo tengo la voz del hijo, en este caso. Pero sí me podría aventurar a decir que, generalmente, los padres no suelen haber obrado con mala intención, y casi todo lo que les recriminamos tiene más que ver con falta de comunicación e incapacidad de mostrar el afecto, que a ofensas reales.

Bueno pero ¿qué les recriminamos?

Lo que más les echamos en cara es no habernos prestado atención de niños, no haber estado ahí para jugar o para presenciar los momentos importantes de nuestra vida. Y no siempre se refieren a grandes eventos, sino a situaciones concretas que podrían incluso ser rutinarias. Luego hay problemas a la hora de haber asimilado ciertos comportamiento estrictos: padres que no permitían jugar en casa, hablar con ciertos familiares, etc. Y ya por último estarían los casos más graves, de adicciones, de abusos sexuales, o de agresiones físicas hacia el niño, la madre u otro miembro de la familia.

¿Y acuden a ti padres que hablan mal de sus hijos?

Esa es otra dinámica muy común. Cuando los padres tienen ya una edad considerable, les preocupa mucho cómo les tratan sus hijos, y la tortilla se da la vuelta: les recriminan que no les prestan atención, que es difícil verles, que no se comunican bien y que solo les quieren por el dinero. Además, también es habitual reprochar que se han hecho muchos esfuerzos por los hijos y que no se han visto ese cuidado ahora que son más mayores.

¿Somos peores hijos o peores padres?

No puedo juzgar, pero si tuviera que decantarme te diría que lo más habitual es ser buen padre, porque hay un instinto innato en hacerlo lo mejor posible y, por regla general, cuando tienes un hijo sientes que harías cualquier cosa por él, y eso, en la gran mayoría de los casos es la luz que alumbra esa relación. Sin embargo, como hijos solemos tender a creer que no debemos nada nuestros padres, y eso acaba generando desigualdades muy evidentes entre la calidad del trato de un padre a un hijo y viceversa.

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