Hace unos días se estrenaba la continuación de 'De Caligari a Hitler,' un revelador documental que nos habla de cómo el cine alemán de la República de Weimar predijo lo que se nos avecinaba. Alemania era, por aquel entonces, el laboratorio de experimentación cinematográfica mundial antes de que el tsunami del 'Tercer Reich' lo convirtiera todo en una Pompeya de horror y destrucción.

El título utiliza como referencia profética la que para muchos es la obra fundacional e imprescindible del 'Expresionismo Alemán,' 'El gabinete del doctor Caligari,' de 1920, año también del nacimiento del 'Partido Nacional Socialista.'

'El Hollywwood de Hitler', documental que estrena Filmin, continúa esa exploración del cine alemán de propaganda nazi entre los años 1933-1945. Hitler era muy consciente del poder que podía llegar a tener el cine, y sobre todo, el cerebro que estaba detrás de toda la maquinaria, su Ministro de Propaganda, 'Joseph Goebbels.'

Él fue quien transformó el cine en un arma de manipulación a través del cuál consiguió vender la idea de una Alemania plagada de cambios e ilusiones. Una patria utópica, gloriosa, grandiosa y todopoderosa que se materializó el films como ‘El triunfo de la voluntad’ y ‘Olympia’ de Leni Riefenstahl. Riefenstahl se convirtió en la reina del cine nazi, y no sólo eso, sino que además sus obras, y sobre todo las dos mencionadas, son dos de los documentales más importantes de la historia.

Leni Riefenstahl
Leni Riefenstahl | Agencias

Goebbels, quien se auto proclamó como “El patrón del cine alemán” decía que “la propaganda es una forma artística”. Pretendía la conquista de las masas a través del cine. El objetivo de estas cintas era camuflar la barbarie nacional socialista y vender una especie de 'American way of life nazi.'

La política cinematográfica del Tercer Reich era una apología del entretenimiento y el escapismo, este fue el espíritu con el que consiguieron engañar a la población a través de una inmensa filmografía de cientos de títulos en el que apenas una sexta parte eran pura y dura propaganda.

De hecho, Goebbels y su 'Ministerio de Propaganda' erigieron una escuela profesional de gestión estatal para 'cineastas políticamente confiables' (Deutsche Filmakademie Babelsberg). Y no sólo eso, sino que además se inventó unos premios “al valor cultural” y “al valor hacia las personas,” con el único fin de incentivar y promover la censura en los creadores audiovisuales.

Goebbels
Goebbels | Youtube

Que los nazis son unos genios, incluso unos visionarios del marketing, no es algo que vaya a descubrir yo ahora. Goebbels, a quien yo llamo 'el Don Draper del mal,' llegó a decir: ‘‘La propaganda nos ha llevado hasta el poder, nos ha permitido desde entonces conservar el poder, la propaganda nos concederá la posibilidad de conquistar el mundo’’.

Llegó incluso a establecer lo que él llamo, 'Los 11 principios de la propaganda,' en los que resume toda su diabólica filosofía propagandística, os aconsejo le echéis un vistazo porque no tiene desperdicio.

Todos tenemos en mente esas viejas películas, es imposible no volver a Riefenstah y a 'El triunfo de la voluntad,' en la que somos testigos de aquellos multitudinarios discursos del Führer en los que todo estaba milimétricamente estudiado.

Hitler era el líder, el caudillo, el guía de una nación que lo observaba y escuchaba absorto. Grandes planos generales con miles de personas hipnotizadas y emocionadas con sus intensos e impactantes speeches retransmitidos por la Reichs-Rundfunk-Gesellschaft o radio oficial del partido. Gigantescos desfiles militares con uniformes diseñados por Hugo Bosch. Cientos de banderas y carteles por todas partes. Y la esvástica, siempre la esvástica, símbolo del grado máximo de maldad al que por desgracia puede aspirar el ser humano.